Enrique Ayala Mora

Izquierda testimonial

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8 de March de 2013 00:03

Para muchos, los resultados electorales de la coordinadora de izquierda fueron una sorpresa y una enorme decepción. El candidato presidencial Alberto Acosta no llegó al 4% de los votos. Varias figuras fueron derrotadas donde parecía que tenían sitios seguros. El porcentaje obtenido por las listas fue quizá el más bajo desde 1979. Parece que hasta el "voto duro" de las organizaciones de izquierda se desplazó al oficialismo.

Desde luego que el resultado merece un serio análisis. Adjudicarlo a la aplanadora propagandística del Gobierno, a los inmensos recursos de que dispuso, a la cortedad de la campaña, y no a las debilidades y errores propios, sería una necedad. Quejarse no es suficiente para explicar por qué una coalición que llegó a sobrepasar el 15% del respaldo electoral, ahora se quedó tan abajo.

No participé en la coordinadora de izquierda, aunque respalde a varios de sus candidatos y candidatas. No me toca, por ello, hacer el balance. Pero, si se me permite la crítica, diría que un frente que se autodenomina "plurinacional" no tendrá nunca respaldo mayoritario, porque la gente rechaza la parcelación de la nación ecuatoriana diversa y quiere que apuntalemos a la patria y sus valores frente al colonialismo y a al saqueo extractivista. También debo decir que muchos ecuatorianos no creemos que "Montecristi vive". Eso implicaría aceptar que está bien una Constitución que consagró muchos derechos, pero en su parte orgánica cercenó otros, y creó el sistema de monopolio del poder que ahora sufrimos.

Pero, asumiendo que la coordinadora de izquierda evaluará maduramente la pobre votación, con sus errores y limitaciones, sería injusto que el resultado se mida solo por el monto de sufragios. En la elección estuvieron en juego posturas y valores.

La candidatura de Alberto Acosta y las de la coordinadora fueron testimonio de que las organizaciones que se consideran revolucionarias conservan su vocación unitaria en este país, de que hay una postura de izquierda por la que se puede optar cuando en el gobierno pesan cada vez más el caudillismo y el clientelismo, de que hay fuerzas que quieren recoger la representatividad de las organizaciones sociales y no dividirlas o criminalizar sus luchas.

Alberto Acosta no tuvo muchos votos, pero asumió la postura visible de una izquierda ecuatoriana que quiere enfrentar el siglo XXI sin renunciar a su acumulado histórico, proyectando al futuro valores que vienen de una larga lucha social que ahora unos cuantos quieren negar para acomodarse con el caudillismo y la burocracia.

Claro que se debe participar en elecciones para ganar y no solo para levantar la bandera. Pero, para no caer en el electoralismo, hay que valorar también cuando es necesario destacar la dimensión testimonial de la participación. Alberto Acosta fue un testimonio.