Enfoque internacional

Israel y Palestina

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4 de julio de 2014 22:47

Hace un par de semanas, tres jóvenes israelíes fueron secuestrados en Cisjordania, cerca de uno de los asentamientos israelíes próximos a Hebrón. La angustia del episodio se transformó luego en tragedia, al comprobarse que los tres jóvenes, dos de 16 y uno de 19 años, habían sido cobardemente asesinados.

La reacción del Gobierno israelí fue inmediata. En primer lugar, señaló como responsable a la organización Hamas, que acaba de suscribir con la secular Fatah un acuerdo de reconciliación, que derivó en un gobierno palestino de coalición conformado por tecnócratas, lo que posibilitará a Hamas competir en las elecciones palestinas antes de fin de año; en segundo lugar, y ante lo que entendió como inaceptable, mandó ejecutar duras operaciones de represalia.

Lo sucedido evidencia que, para el proceso de paz entre Israel y Palestina, el acuerdo político alcanzado entre las dos facciones palestinas abre toda suerte de interrogantes, ya que si bien Fatah reconoce al Estado de Israel y ha estado dispuesto a negociar la paz, Hamas, en cambio -que hasta no hace mucho operaba con intimidad con la oligarquía clerical iraní-, no reconoce a Israel, no acepta su presencia en un territorio que define como palestino y ha estado recurriendo constantemente a la violencia. Actitudes todas reñidas con la auténtica y sincera disposición requerida para poder construir un ambiente de paz, en el que la convivencia ordenada sea posible.

Por esto, al responsabilizar a Hamas del horror de los inhumanos asesinatos de los tres jóvenes israelíes, Israel hizo transparente la imposibilidad de avanzar ahora en conversaciones de paz que incluyan a la siempre violenta organización.

Pero el horror no tiene límites y los fanatismos son todos generadores de desbordes irracionales, y esto ha quedado comprobado, una vez más, con el secuestro y posterior asesinato de otra víctima civil, ocurridos un día después de descubiertos los cadáveres de los tres adolescentes israelíes. En este caso, fue un joven palestino, de 16 años, secuestrado y salvajemente carbonizado en los bosques aledaños a Jerusalén. Tan pronto fue conocido este nuevo crimen, la violencia se apoderó velozmente del este de la ciudad. Con razón, el primer ministro Benjamín Netanyahu tildó el crimen de “abominable” e instó a la Policía a “investigar velozmente quién estaba detrás”. También las crónicas periodísticas mencionaron especialmente el hecho de que hubo un mensaje de solidaridad que el padre de uno de los chicos israelíes asesinados en Hebron le mandó a la familia del palestino. Es que ya son muchos los ciudadanos de uno y otro lado que están cansados de la guerra interminable y de que la venganza tampoco tenga fin.

Pero lo concreto es que las tensiones han crecido vertiginosamente, y los enfrentamientos y venganzas, consecuencia de esa violencia nuevamente desatada no contribuyen en absoluto al ambiente de tolerancia, respeto y comprensión que requiere la construcción de un espacio común de paz.

La Nación, Argentina, GDA