Grace Jaramillo

Isla de paz

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Como colegas y amigos no podemos hacer más que enviar un diario apoyo y abrazo solidario a Efraín, Paúl y Javier e insistir en que #NosFaltan3. Pero como ciudadanos debemos exigir que al gobierno de Lenin Moreno que ponga la casa en orden.

El Ecuador debe resolver efectivamente esta crisis y prevenir tragedias futuras. Eso no se puede hacer sin poner en sintonía a todo el aparato del Estado encargado de la defensa nacional, incluida la Inteligencia militar y policial y, por supuesto la Cancillería. Como dijo bien Enrique Ayala en su columna del viernes, éste no es un problema aislado y peor coyuntural. Es un tema que se coció desde que, tras la acción militar colombiana en Angostura en Marzo del 2008, el gobierno de Rafael Correa desató una embestida a todo el aparato militar y de inteligencia que controlaba la frontera norte, por simples razones ideológicas. Me explico. Por supuesto que el ataque a la soberanía nacional por parte de Colombia fue injustificable y temerario y el gobierno ecuatoriano hizo lo correcto en plano diplomáticamente presentando su queja, inclusive humillando internacionalmente a su autor intelectual: Alvaro Uribe. Pero debemos entender que una acción equivocada no justificaba en absoluto desmontar un sistema de intercambio de información, coordinación de operativos, elaboración de estrategias de contención, prevención temprana de ataques violentos que había funcionado más o menos bien para el Ecuador desde hace décadas. Por algo nos llamaban los vecinos “isla de paz”. Esto dependía de una relación fluida con las contrapartes de inteligencia militar y policial del mundo occidental, con EE.UU. a la cabeza.

Por supuesto, había la posibilidad de hacerlo solos, pero la inversión necesaria era y sigue siendo inconmensurable. Y los resultados seguirían siendo escasos. La ruptura que en su momento hicieron países como Venezuela y Ecuador terminó volviéndolos objeto de vigilancia, no sujeto de la misma. Muchos expertos lo explicaron a los decidores del correísmo de turno y el resultado es lo que vemos ahora. El efecto bumerán: el Ecuador obtuvo justo lo contrario de lo que buscaba. En lugar de más soberanía, tenemos un territorio presa de bandas delictivas porque ya no se puede llamar irregulares o revolucionarias donde los más humildes, los periodistas y los ciudadanos son presa fácil. Lo que Colombia vivió por décadas.

Para completar, Lenin Moreno está siguiendo el mismo camino de Rafael Correa en la administración y manejo de la defensa. Correa se esmeró en humillar a las Fuerzas Armadas poniendo ministros que no sólo no sabían del tema, sino que se regodeaban en denostarla.

Mención especial para Ricardo Patiño y Fernando Cordero. Patricio Zambrano no es mucho mejor que ellos y, por supuesto sabe mucho menos, de casi todo. Su sola presencia es un insulto a la crisis tras el ataque en Mataje y las que puedan venir.

El país tiene suficientes expertos en materia de defensa que sepan guiarlo en estos momentos críticos.