28 de February de 2010 00:00

Invictus

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Vicente Albornoz Guarderas

Invictus es una película sobre la grandeza de espíritu. Y también sobre la generosidad humana. En realidad es una película sobre lo mejor de un ser humano extraordinario: Nelson Mandela.

Lo que a primera vista podría parecer una película más sobre el 'emotivo' triunfo de un equipo deportivo, es en verdad una brillante descripción de una de las estrategias de Mandela para unir a Sudáfrica, un país que hacia 1994 estaba muy fracturado y lleno de odios, miedos y resentimientos.

Pero lo fascinante es que Mandela, uno de los que más derecho tenía a estar lleno de odio y resentimiento, estaba, afortunadamente más allá de esas bajas pasiones. Él, el principal líder de la lucha contra el apartheid, había sido liberado en 1990 después de 27 años en la cárcel y en 1994 había sido electo presidente de Sudáfrica.

Desde la presidencia y con un altísimo apoyo popular, Mandela tenía todas las herramientas para vengarse de aquellos que habían implantado el horrible sistema de segregación racial conocido como el “apartheid” y que lo habían encarcelado. Pero también tenía un espíritu grande.

Paralelamente, en 1995 se celebraba, justamente en Sudáfrica, el campeonato mundial de rugby. El rugby es un deporte parecido al fútbol americano (pero sin tantos cascos y protecciones). Es, además, un deporte muy difundido en las ex-colonias británicas.

En Sudáfrica era el deporte preferido de la minoría blanca, mientras que resultaba casi desconocido entre los negros. Es más, muchos veían a ese deporte y a la selección nacional como un símbolo del apartheid.

Aquí es donde aparecen el genio político y el ser humano extraordinario que Mandela lleva dentro. Él se da cuenta que apoyando a la selección nacional de rugby podía unir al país en una causa común y ganarse el corazón de la influyente minoría blanca (que veía al nuevo presidente con mucha desconfianza y temía que pudiera desatar contra ellos el odio reprimido en casi tres décadas de cárcel). Cabe recalcar que el equipo tenía un sólo jugador negro.

Y en contra de los consejos de sus asesores, Mandela se lanza en una campaña de apoyo a la selección, memoriza los nombres de los jugadores, va a los partidos importantes y saluda con cada uno de los jugadores e incluso aparece en televisión alabando a los “springboks” (o “gacelas”, el nombre popular como se conoce a la selección sudafricana de rugby).

La película merece verse. Sinceramente la recomiendo y por eso no voy a contar el desenlace, excepto por un detalle: el gran ganador de todo este proceso de reconciliación nacional fue Sudáfrica, un país que ha progresado mucho desde que Mandela fue presidente. Mientras tanto, si él lo hubiera hecho mal, el país bien podría haber caído en una espiral de violencia.

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