Oswaldo Jarrín R.

Interacción de la Celac

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Columnista invitado

En el Libro Blanco de la República Popular de China, dentro de su política exterior, se plantea influir de manera armónica y pacífica para abrir China al mundo y mediante la cooperación Sur-Sur, elevar el estatus del dialogo Sur-Norte, para defender los intereses en la globalización.

Visto el sinnúmero de bloques comerciales que existen en el Pacífico, y que pueden producir dificultades o el efecto de “plato de espagueti”, China propone la conformación de un mecanismo de articulación de todos ellos, denominado Acuerdo regional integral de asociación económica (RCEP), que no excluye a la Asociación Transpacífica (TTP), propuesta por la estrategia “Pivot” de Estados Unidos.

Esta referencia es aleccionadora, frente al rechazo del Ecuador a participar en la VI Cumbre de las Américas de Cartagena del 2012, ya que desde entonces a la fecha que se tendrá la Presidencia pro témpore de la Celac, se han cumplido los mandatos de la mencionada cumbre, con las reuniones de Lima y México, para buscar alternativas al fracaso de la estrategia de lucha contra el narcotráfico y al delito transnacional.

En su informe de septiembre del 2014, se mencionan los consensos a nivel hemisférico, relacionados con el desarrollo social, salud pública, economía del narcotráfico, seguridad y los nexos de la violencia con el crimen organizado transnacional.

Para los objetivos de la Celac, integración regional y promoción del desarrollo, es una gran oportunidad, que además en este año se realice la VII Cumbre de las Américas, en abril y la XLV Asamblea general de la OEA, en junio. Por cuanto en esta era de instituciones multilaterales y regímenes internacionales, la única forma de reducir la influencia de las potencias y aun la dependencia de los países periféricos, es a través de la interacción y cooperación entre las posiciones políticas de los Estados, acoplados en un régimen regional.

Por consiguiente, para vincular a las organizaciones subregionales en un proceso de integración, se requiere quebrar los paradigmas de confrontación ideológica y geopolítica. No entrar en la disputa del poder político, que nubla la identificación de las verdaderas amenazas y los adversarios, desgasta energías, recursos y oportunidades.

Mientras crecen las amenazas, porque los consensos no llegan a la ‘operacionalización’ en planes de cooperación y acción efectiva, repetidamente se emiten declaraciones de aspiraciones, como las zonas de paz, transparencia, eliminación de la pobreza.

El oportuno informe de la OEA recomienda la cooperación internacional, la reestructuración, profesionalización y mayor cooperación entre las policías de los países; en coherencia con el Compromiso de Seguridad Pública de las Américas, con los ministerios del interior, Justicia y Policía; con el apoyo de las FF.AA., únicamente en la seguridad fronteriza, mas no en el control del delito.