Enrique Ayala Mora

Intelectual militante

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17 de May de 2013 00:02

Cuando le preguntaron cómo quería ser recordado respondió: "Como un hombre que no solamente ha continuado agitando la bandera, sino que ha demostrado que blandiéndola se puede llegar a hacer algo, al menos unos cuantos libros legibles". Así era Eric Hobsbawn, un hombre convencido de que el pensar debe ser consecuente con el actuar. Fue, por ello, un intelectual e historiador riguroso y al mismo tiempo un militante activo.

Hobsbawn nació en Alejandría en 1917. Estudió en Cambridge y fue profesor de Birkbeck College de la Universidad de Londres hasta su jubilación. Enseñó también en el New School de Nueva York y fue convocado como conferenciante a los centros académicos más destacados del mundo. Miembro del Partido Comunista hasta que en 1989 se separó cuando el burocratismo estalinista se volvió incompatible con su postura crítica y renovadora. Pero siguió siendo militante marxista, convencido de la lucha por la revolución y comprometido con las causas de la izquierda. Se mantuvo activo escribiendo, publicando y enseñando hasta su muerte en octubre de 2012.

Incursionó en el trabajo histórico y produjo textos fundamentales de carácter teórico y metodológico, pero la mayor parte de su producción se enmarca en lo que podríamos llamar historia sociopolítica y económica. Sus trabajos sobre la Revolución Francesa y la Revolución Industrial británica, son quizá los de mayor influencia en el mundo. Hobsbawm fue un notable investigador de la historia de los trabajadores, los sectores populares y los llamados "bandidos sociales". Incursionó en la compleja relación entre nación y el Estado, y en el apasionante tema del inicio o la "invención de las tradiciones".

Sus reflexiones sobre la crisis del socialismo, la caída de la Unión Soviética y el futuro de la izquierda abren muchas perspectivas para repensar el papel de la izquierda y los revolucionarios.

Desde finales del siglo XX llegó a ser el historiador de mayor éxito editorial en Gran Bretaña y el mundo. Sus obras se han traducido hasta a cuarenta idiomas y no han abandonado los escaparates de las librerías. Era un hombre de privilegiada claridad. Varias generaciones de historiadores de diversas latitudes, entre ellos no pocos pretendidamente "apolíticos" y hasta antimarxistas, se han formado bajo su influjo. Quienes tuvimos la oportunidad de seguir sus exposiciones docentes recordamos sus explicaciones que, por complejo que fuera el tema, siempre lo volvía accesible y comprensible.

Durante sus últimos años, Hobsbawm pensó mucho en el presente y el futuro. Murió convencido de que su acción como maestro y autor de libros, junto a su acción militante de izquierda, estaban preparando un futuro revolucionario en el que los rebeldes, los trabajadores, la gente común, será principal protagonista.