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La señora Espinosa no puede continuar frente a la Cancillería. El daño producido al país y al presidente Moreno a propósito de su primitivo manejo del caso Assange, le inhabilitan para continuar dirigiendo la diplomacia ecuatoriana. Ni en un neófito que hubiere pisado por primera vez el palacio de Najas hubiera sido justificable el faux pas con el Reino Unido y con la comunidad internacional a propósito del asilado en Londres.

¿A quien le cabía que podía resolver la situación de Assange otorgándole atropelladamente la nacionalidad ecuatoriana a un fugitivo de la justicia sueca y de la policía británica y pretendiendo acreditarle como funcionario diplomático ante el Foreing Office, una de las diplomacias más antiguas y prestigiosas del mundo? El incómodo asilado, a más de violar permanentemente las normas de su estatus, ha intervenido groseramente en las campañas electorales de Estados Unidos, Ecuador y en la delicadísima situación de la secesión de Cataluña. Al jacker Assange, el gobierno de Correa y su Cancillería le buscaron para concederle asilo en la legación en Londres en busca de un pretendido liderazgo mundial en la defensa de la libertad de expresión, cuando en Ecuador rompía periódicos, perseguía a periodistas y expidió una ley mordaza para controlar a los medios. Correa, Patiño y Lucas subestimaron al gobierno inglés y creyeron que el refugio de Assange se resolvería a los pocos meses y que no se convertiría en un “cangrejo en la bragueta” - según la gráfica expresión costeña- que afectaría las relaciones internacionales del Ecuador y que generaría constantes dificultades con países como EE.UU., el propio Reino Unido, Suecia y España.

Pero sería caer en la ingenuidad creer que la conducta de la canciller se deba solamente a impericia o inexperiencia. La señora Espinosa fue ministra de Relaciones Exteriores, de Defensa y embajadora en el largo gobierno de Correa y por tanto el medio diplomático no le es extraño. Procede, entonces, buscar otras razones. Entre éstas podría estar su estrechísimo vínculo con el correato y su deseo de que Moreno no tenga éxito en la consulta que, entre otras cosas, pondría fuera de juego político a su antiguo jefe. Podría también deberse al resentimiento que generó la partida estrepitosa de su pareja, el señor Mangas, cuando se hicieron públicas las declaraciones en las que echaba abajo la buena fe del jefe de Estado al propiciar un ambiente de paz en la República, de diálogo con todos los sectores y de persecución implacable a los escandalosos actos de corrupción.

Por último, el otorgamiento de la nacionalidad ecuatoriana a Assange -lo más grave en este desastroso manejo con el Reino Unido-, podría afectar irremediablemente a Moreno, si no corta de manera inmediata y de raíz la causa del desaguisado.

frosales@elcomercio.org