Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

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1. ¿Cómo interpretar el anuncio del presidente Correa de que insistirá con el envío a la Asamblea de las leyes de
Herencias y Plusvalía?

El Gobierno sigue cavando un hueco, que ya de por sí es enorme, en lugar de buscar apoyo para cubrirlo. Con este tipo de posturas reiterativas, lo único que consigue es espantar las débiles señales que crea con mecanismos como las APP (Alianzas Público-Privadas), que por otro lado no son la panacea.

Es incomprensible la actitud política del Ejecutivo en el campo económico, pues no esclarece qué mismo busca. A ratos parece acercarse al inversionista privado, pero en otros momentos mantiene esa postura beligerante con todo aquello que suene o parezca cercano a una buena economía de mercado.

Bien regulada, con incentivos definidos, que se mantengan a lo largo del tiempo y respondan antes que a una concepción utilitaria del momento, al convencimiento de su aporte a la solución de la profunda iliquidez por la que atraviesa la economía nacional.

Las dos leyes, como se ha dicho hasta el cansancio, no solo son inconvenientes por el momento que vive el país sino por su afán esquilmante de patrimonios bien habidos, legítimos que son producto de los riesgos asumidos y reflejan el remanente del pago de los distintos tributos vinculados con su rendimiento.

Cuando se miran las cuentas nacionales, los ingresos de capitales al país por inversión privada, si bien son mencionados por algunos ministros como réditos de su gestión, no alcanzan un nivel crítico que permita mediatizar la enorme dependencia en el endeudamiento público. Y eso pasa por no volver creíble la política económica. Tal vez ya es tarde para ello. El Gobierno lo sabe y parece que se rebela refregando al país con esta postura.

2. ¿Qué efectos económicos y políticos se pueden esperar en el Ecuador tras el triunfo de la oposición en las elecciones legislativas en Venezuela?

Sin duda, son más significativos los políticos antes que los económicos, aunque estos han demostrado su capacidad de erosión de gobiernos populo-estatistas que parecían inmutables.

Es el segundo país de la región en el cual la democracia liberal recupera un espacio importante para su acción. Se rompe otro círculo de control que secuestró las instituciones democráticas y ofrece una esperanza de cambio, todavía por verse como funciona, pues no cabe creer que este es ya un proceso de liberación definido.

Habrá obstáculos de diversa magnitud y complejidad en la relación política ya que, en este caso la cohabitación entre un ejecutivo acostumbrado a gobernar sin controles, con un legislativo de visión y compostura radicalmente diferente, traerá enfrentamientos de gran calibre político, que incluso pueden derivar en circunstancias de beligerancia superior.

Argentina con gobierno liberal (para darle algún calificativo) y Congreso populista y, Venezuela con una situación de enroque, son dos países que con la delicada situación de Brasil, van a marcar nuevas posturas en la defensa de los sistemas democráticos. La OEA ya se despertó y es un eslabón importante en este retorno.

Alba, Unasur y Mercosur recibirán estos refrescantes aires. En unos casos se verán debilitadas. En otros habrá cambios en las líneas de acción política.

En lo económico, sin el apoyo legislativo, el Gobierno venezolano puede tener limitaciones en el libertinaje con el cual ha gobernado y desperdiciado los recursos. Sin embargo, con una situación tan caótica, habrá que ver de qué forma reacciona y si no utiliza cualquier subterfugio para continuar con esa línea destructiva de bienestar.

El Ecuador sin duda pierde el vigor de un segundo aliado en apenas dos semanas. Los acuerdos económicos con Venezuela (entre ellos el Sucre por ejemplo que ya es un riesgo abierto), no son muchos ni de gran valor. Parecería que no tendrán efectos colaterales.

3. ¿Qué opinión le merece la posibilidad del ‘timbre
cambiario’ y qué efectos podría tener en la economía nacional?

La economía tiene un problema de iliquidez general (ahora de carácter estructural) que no se resuelve por esa vía. Lo primero, aunque no lo único, que se requiere es atacar la causa del desbalance y es el enorme peso del gasto público en la sociedad.

Con ese tamaño de Estado, el país no tiene horizonte. Lo dije hace algunos meses: es necesario reducir el gasto en por lo menos 10 000 millones. En simultáneo hay que reconstruir los flujos de ingreso de capitales para estabilizar el país. Sin esto, puesto de forma resumida, todo esfuerzo resulta poco provechoso. Si hay afán de enmienda, es posible recuperar los equilibrios perdidos. Obviamente, costará tiempo y bienestar. Pero puede salvarse el modelo.

La dolarización se asienta en la confianza del sistema y la propuesta la mutila. Genera incertidumbre. Acarrea efectos indeseables al sistema económico en vigencia. Establece un régimen de cambios múltiple pues fija varios precios para la misma moneda. La valora de diferente manera según la ubicación, monto, momento y origen de la transacción.

Es un control de cambios y un subsidio al generador de divisas.
Por su carácter temporal no incentiva la inversión en sectores de exportación. Encarece la producción interna con el consecuente aumento de precios internos. Agrava el problema de competitividad que ya existe. Vuelve general, aunque no uniforme protecciones excesivas con lo cual promueve monopolios. Concentra beneficios en grupos de alto poder económico. Discrimina a medianas y pequeñas empresas.

Para decirlo de forma coloquial, devalúa el dólar interno frente al del exportador. Desestabiliza pasivos del sistema financiero. Abre un incentivo a la salida de capitales. Fomenta un mecanismo de arbitraje con el dólar que ya se lo vivió en el gobierno de Febres Cordero.

apachano@elcomercio.org