17 de July de 2010 00:00

Inquietudes nacionales

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Abelardo Pachano

1. El Gobierno busca renegociar los contratos petroleros y una reforma a la Ley de Hidrocarburos. ¿Se puede emprender en los dos temas a la vez?

No de forma simultánea, pero sí de una manera secuencial. Obviamente va a depender de las condiciones que se establezcan en las reformas legales para que el segundo proceso vinculado con la renegociación de los contratos pueda entrar en acción. Ahí se apreciará si existe interés de las compañías privadas en continuar trabajando en el país. De no haberlo, se esperaría que las negociaciones se enmarquen en el proceso de liquidación de los contratos actuales dentro del cual tendrá relevancia especial el mecanismo de valoración de las inversiones realizadas y no recuperadas, la valoración de las rentas futuras y la forma de pago con su garantía por parte del Estado ecuatoriano.

2. ¿Hay condiciones para un emprendimiento en minería a gran escala, conviene que inviertan empresas estatales?

Ese tema todavía no está esclarecido. El Gobierno autorizó la continuación de la etapa exploratoria de algunas de las más importantes compañías mineras que tienen contratos vigentes con el Estado. Falta por determinarse las características de la explotación minera, la participación del Estado, las garantías de cumplimiento contractual y todas las demás cláusulas que son necesarias establecer en este tipo de contratos de largo plazo, en los cuales la inversión privada requiere de seguridad jurídica para emprender las labores.

3. El Gobierno sostiene que ha formulado la propuesta del Código de la producción después de buscar consensos. Sectores productivos y empresariales sostienen que no se toma en cuenta a todos los actores? ¿Qué debe contener este código para ser beneficioso para el país?

Antes que un conjunto complejo de ventajas, tratamientos especiales, protecciones singulares, exoneraciones tributarias, lo que se necesita es certidumbre. Y eso empieza por tener la casa pública en orden, con sus cuentas equilibradas, los gastos manejados con prudencia y sin sostener déficits crónicos que alteren la viabilidad general de la economía. A ello debe sumarse la convicción de que las reglas de juego no se las cambiará. Que las reformas, como las tributarias, no se aplican a inversiones hechas con anterioridad. Que las normas laborales permiten disponer de una relación seria, con trabajadores eficientes y remuneraciones adecuadas sobre la base de la búsqueda de niveles superiores de productividad y eficiencia. Que los términos contractuales sean respetados. Que la inversión privada y las normas de mercado para la determinación de precios no sean arbitradas por el Estado. Y así por el estilo.

Todo lo anterior cabe en la definición de crear confianza, generar certeza. Y me parece que aquello está distante de ofrecerse. Se aprecia además una inclinación a crear tratamientos discriminatorios entre sectores, tamaños de la inversión como si con eso fuera posible inducir a un cambio en la disposición a invertir, a crear empleo, a generar producción.

Me parece que la intención se quedará en eso. Difícilmente germinará porque no se sostiene en los elementos vitales que construyen confianza, que dan ánimo. Las empresas pequeñas son importantes. La artesanía igual. Los microempresarios valen mucho, pero a todos ellos el Gobierno les ha condicionado sus actividades con decisiones inconvenientes. Les dio el mismo tratamiento salarial a pesar de que las productividades comparadas con las empresas medianas y grandes son distintas. Les limitó el acceso al financiamiento bancario con la determinación de niveles de tasa de interés que son incompatibles con los costos de su atención crediticia. Hoy, miles de ecuatorianos han regresado a las manos de los inescrupulosos de los mercados informales. Tampoco existe la posibilidad de generar una demanda con un país que casi no crece porque está retraída la inversión privada. Y los mercados internacionales tienen tratamientos preferenciales para la producción de otros países con los cuales existen convenios comerciales privilegiados.

Entonces, si no se cambia toda la concepción y dirección de la política económica, poco puede hacer un código que abarca temas dispersos y tiene alcance limitado.

4. ¿Le convienen al país negociar un nuevo crédito con China con la figura de venta anticipada de petróleo por USD 1000 millones a una tasa del 6,5%, a cuatro años plazo. ¿Hay mejores opciones?

La respuesta es: depende para que se requieren esos recursos. Si son para inversión, la siguiente pregunta es: ¿Qué tipo de inversión es la que requieren esos recursos para que los pueda pagar en un lapso tan corto y con esa forma de pago. Además, la vinculación con la venta de petróleo genera una fuente de pago con características de privilegiada. De ahí nace una nueva pregunta relativa a la determinación del precio al que se vende el petróleo para no crear por este medio un costo adicional al Estado.

Sobre las opciones, el Ecuador se autoexcluyó de los mercados privados internacionales con el repudio a una parte de la deuda externa y eso trae una dependencia de fuentes alternativas que contienen condiciones menos favorables. Si queremos comparar el costo, podríamos utilizar la última negociación griega de sus bonos, que a seis meses plazo consiguió el 4,25% de interés.

5. Me puede explicar las diferencias o similitudes entre el sistema Aladi y este nuevo sistema de pagos Sucre?

El convenio de pagos de Aladi se estableció en 1966. Su objeto fue facilitar el comercio entre los países de la región y reducir la dependencia del dólar. Es efectivo, rápido, seguro. Opera con líneas de crédito recíprocas de los bancos centrales. Los pagos se compensan cada cuatro meses para evitar transferencias por cada operación. Cada banco central anota lo que le debe el otro y al final con el apoyo del centro de operaciones que funciona en la sede del Banco de la Reserva del Perú se paga o recibe en dólares el valor neto de la liquidación.

Nunca ha dejado de cumplir sus obligaciones. Incluso en la crisis de la deuda de 1982 sirvió de mecanismo sustentador del comercio regional.

El sistema del Sucre es solo de la Alba. Hace lo mismo, pero registra las transacciones usando el artificio contable de una moneda que nadie la ve ni conoce para decir que suplanta al dólar. Al final, las transacciones y compensaciones se pagan en dólares. Duplica lo existente con la Aladi.

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