Abelardo Pachano

Inquietudes nacionales

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
15 de June de 2013 00:02

1. ¿Cómo entender la campaña publicitaria del Ecuador en Estados Unidos pese a que ya parece que se descarta la extensión de la Atpdea? No tengo elementos que permitan explicarla. Es más, después del impasse con el Embajador que sin duda complicó las relaciones con ese país, es difícil apreciar la bondad de esta gestión publicitaria.

2. ¿Qué valoración hace del crecimiento al 7% de la industria, especialmente en el rubro alimentos? Es uno de los sectores favorecidos por el nivel de consumo de la economía y el aumento de la clase media. Ha mejorado la capacidad de gasto de algunos estratos de la sociedad y los primeros productos cuya demanda se aprecia son los que están en la escala superior de prioridades y ellos son los alimentos.

3. ¿Qué opina sobre los datos de Inversión Extranjera en América Latina que publicó la Cepal? El período evaluado posiblemente es el de mejores resultados para la región en muchísimos años. Desde el 2007 hasta el 2012 la región recibió 801 600 millones de dólares. Sólo en el 2012 el monto llegó a 173 400 millones, cifras ambas que es difícil ponerlas en la cabeza para apreciar su dimensión fenomenal.

El resultado es producto de la combinación de dos hechos: la existencia de una crisis mundial que no ofrecía futuro a la inversión privada acompañada por tasas de interés cercanas a cero. Y, por otro lado, la aplicación de políticas económicas robustas, equilibradas, estables por parte de muchos países de la región.

El Ecuador participó en este flujo con 2 730 millones para el sexenio y con 360 millones el año pasado. Los dos datos marcan un contraste frente a lo acontecido con la región, llevando a una conclusión diametralmente contraria a la saludable para todo el vecindario.

Se puede decir que por cada dólar de inversión extranjera que recibía la región, el país no llegaba a conseguir un centavo. En realidad, la relación para los seis años equivale a 0,34 de centavo y el resultado del 2012 es menor: 0,21 de centavo.

Si la distribución de todo este impresionante ingreso de capitales se habría distribuido de forma proporcional al tamaño de las economías medido en términos del PIB, el Ecuador habría recibido por lo menos cuatro veces la anotado para el sexenio y un poco más de cinco veces el 2012. Por supuesto, en la realidad esta proporcionalidad no existe. Los flujos se relacionan con los incentivos que cada país ofrece.

4. La decisión de la OPEP de mantener la producción ¿cómo se la puede interpretar? Como una posición de defensa estratégica de su participación en el mercado. Las perspectivas de precios marcan, con mayores posibilidades, dos opciones: una caída a niveles cercanos a los actuales o el mantenimiento, se podría decir recuperación, de los precios de fines del 2012. Hasta la fecha que se escribe esta columna, la primera opción demuestra su supremacía .

No hay indicaciones de recuperación de la demanda. Existen, en cambio, nuevos campos de producción que han llevado la oferta a un nivel superior al del equilibrio anterior, y estos no pertenecen al ámbito de la OPEP. EE.UU., el principal consumidor mundial de petróleo está cambiando las fuentes de aprovisionamiento.

De ahí que la postura del cartel refleje además las limitaciones existentes, se podría decir posiblemente con mayor precisión la inflexibilidad política para conseguir sacrificios de producción por parte de sus miembros y, por ello opte defender su presencia, equivalente al 33% del mercado total, aun a riesgo de apoyar una caída de los precios.

Seguramente, dentro de las deliberaciones, una vez que se eliminó la racionalización de la producción, optaron por esta línea sobre la base de esperar, más con fe que con razones, que las posibles pérdidas por la declinación de los precios serán menores a las derivadas de la contracción productiva. El tiempo dirá si estuvieron acertados.

5. La violencia en el mundo toma cuerpo. ¿Qué pasa en América Latina? Parte del problema se deriva de la indolencia de las sociedades frente al crimen. No reaccionan con indignación frente a los hechos. Los toman, con las excepciones debidas, como parte del quehacer diario y ahí acaba todo. No defienden sus derechos ni exigen a las autoridades acciones decididas.

Los gobiernos se esfuerzan en enfrentarla pero sus medios son muy limitados. Incluso los sistemas judiciales son tremendamente ineficientes y ofrecen un mensaje de impunidad que cultiva estas acciones delictivas. La pobreza es otro factor de incubación pero su incidencia no es proporcional en los países. Algunos como la India o China con niveles de pobreza mayores tienen indicadores de violencia menores. Otros la vinculan al consumo y tráfico de drogas, que por supuesto es una causa relevante, pero su incidencia tampoco resiste un análisis comparado.

Lo cierto es que las causas son múltiples e interactúan en distintos medios o sociedades cuyas estructuras políticas difieren de manera notable.

América Latina es el continente más violento del mundo. Más del 40% de los asesinatos que se producen en el planeta tiene lugar en la región y en ella apenas habitan menos del 10% de la población mundial. Mientras en otras partes los índices declinan, en la zona aumenta.

La institucionalidad de la defensa de la vida y la propiedad con organismos capacitados, que dispongan de los instrumentos legales y operativos adecuados, sean dirigidos por personas versadas y decididas a defender, es un requisito necesario para combatirla. Si los violentos saben su destino pagando por sus culpas, tendrán menos incentivos para delinquir.

No se trata de ser represivo pero sí de ofrecer un mensaje inequívoco a la sociedad de absoluta intolerancia a la violencia. La justicia debe cumplir con su deber, el Gobierno el suyo y la sociedad, actuando a través de sus organizaciones sociales debe ser intransigente frente a ella. Esos son los derechos humanos de la gran mayoría a ser cubiertos y defendidos.

Obviamente, ahí no acaba todo. Se necesita eliminar los caldos de cultivo que se expresan por las desigualdades sociales, el abuso de los licores, la irresponsabilidad de los organismos de control, la corrupción. En fin, todas esas manifestaciones que construyen un ambiente propenso al crimen. Es pues una tarea de largo aliento pero de elevada prioridad .