Diego Araujo Sánchez

El inodoro de oro

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Los ocupantes de la Casa Blanca mantienen la tradición de pedir una obra famosa para las estancias privadas: los Kennedy se habían inclinado por un Delacroix; los Obama, por un Rothko; y los Trump pretendían un Van Gogh…

Sin embargo, no lo tendrán. La oferta de la curadora del Gugghenheim ante el pedido en préstamo del cuadro del pintor holandés, “Paisaje con nieve”, tiene los visos de una cáustica respuesta: en lugar de la famosa pintura, ofreció un inodoro de oro, un macizo trono de 18 quilates, obra del italiano Maurizio Cattelan; tiempo atrás, en una experiencia interactiva, fue exhibida en los baños públicos del museo para uso de los necesitados del inexcusable adminículo. La obra es considerada como una crítica al exceso de riqueza; y a las contradictorias veleidades del poder.

El millonario nunca ha ocultado sus preferencias por el dorado metal. Después de leer lo que Vargas Llosa califica como una colección de chismes, intrigas, vilezas y estupideces que reúne Michael Wolf en su libro “El fuego y la furia”, con más de dos centenares de testimonios acerca de Donad Trump, el escritor concluye que “es probable que jamás en su historia EE.UU. se haya empobrecido política e intelectualmente tanto como durante esta Administración”. Cuando se le escuchan repetir a Trump las expresiones racistas y discriminadoras contra los migrantes y el lector conoce por el libro de Wolff que, recién llegado a la Casa Blanca, el presidente se hizo instalar en su dormitorio tres inmensas pantallas de plasma o que su diaria alimentación preferida son las hamburguesas y las gaseosas light, ofrecer en préstamo el inodoro dorado asume las dimensiones de un juicio político significativo.

Ahora sabemos también que nunca pensó que ganaría las elecciones; a la incredulidad siguió el terror y a este, la peligrosa seguridad de ejercer la Presidencia de la primera potencia mundial. La aversión por la gran prensa, el precario bagaje cultural, la desbordante vanidad y demagogia, el machismo y sus afirmaciones vergonzosas causan temor al mundo porque la banalidad y la fanfarronería terminen por jugar la peor mala pasada a la paz.

Mutatis mutandi, nos preguntamos cuál sería la sugerencia para coronar los honoris causa, los obsequios y las fotografía del museo del expresidente Correa en Carondelet. Después de observar los avatares de sus recientes recorridos para promover el No en la consulta, un compasivo aficionado a las curiosidades ha renunciado a recomendar una obra de arte, pero a cambio propone la adquisición del Huevomóvil que presentó tiempo atrás una empresa coreana, un novedoso modelo de vehículo personal controlado por dos pedales y que, gracias a su forma oval, permite utilizar el techo como casco para proteger al conductor de eventuales objetos lanzados a su paso desde el exterior.

daraujo@elcomercio.org