Sebastián Mantilla

Inminente ruptura

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Llegó el día de la inminente ruptura del movimiento Alianza País. Este no se produce por un desacuerdo ideológico sino por dos hechos bien concretos: la consulta popular y el juicio político contra el vicepresidente sin funciones Jorge Glas.

Esto ha llevado a que Alianza País se divida entre quienes apoyan al presidente Lenín Moreno y al expresidente Rafael Correa. Sin embargo, el respaldo aumenta en favor de Moreno en la Asamblea Nacional, en las sedes provinciales y en las propias bases del movimiento. Esto está llevando a que el ala correísta tienda paulatinamente a debilitarse.

Y que esto no es un asunto solamente político o de juntar más apoyos de la militancia. Las tesis de Moreno adquieren cada vez más peso cuando se aprecia que hay una clara intención de hacer las cosas bien, fortalecer la democracia, darle institucionalidad al país y combatir la corrupción.

En esa línea han sido planteadas las siete preguntas de la consulta popular.

Y como es lógico, dos preguntas incomodan al bando correísta: la restructuración de los miembros del Consejo de Participación Ciudadana y Control Social (instancia que le permitió al expresidente Correa tomarse los órganos de control del Estado) y la reelección indefinida. Con ésta última no se limita solamente la posibilidad de que Correa pueda postularse como candidato a la presidencia de la República sino de que se establezca en Ecuador la alternabilidad en el poder, elemento esencial de la democracia.

A más de ello, resulta realmente bochornoso y penoso que, a guisa de “proteger el proceso”, un grupo de militantes correistas insistan en salvar a toda costa al vicepresidente sin funciones, Jorge Glas.

A más de los elementos procesales ya presentados por la Fiscalía, se han sumado los informes de la Contraloría en los cuales se establece indicios de responsabilidad civil y penal en contra de Glas. El “espíritu de cuerpo” ha llegado hasta límites nunca antes vistos. Pese a las evidencias, se protege la corrupción y se pretende mantener la impunidad.

En este escenario, Moreno debería, en lugar de buscar la unidad del movimiento, acelerar el proceso de ruptura. Aprovechar de una buena vez para separar del gobierno y del movimiento a quiénes representan ese pasado nefasto de abuso, autoritarismo y corrupción. Incluso estos esfuerzos deberían comenzar por la propia Asamblea Nacional.

La reestructuración de los miembros de la Comisión de Administración de la Legislatura (CAL) y de quienes presiden las distintas comisiones es un imperativo. Sin ello será muy difícil recuperar la capacidad de la Asamblea para legislar y fiscalizar.

Si hay intenciones claras de limpiar la imagen de Alianza País, la propuesta de juicio político al vicepresidente Glas debería nacer de la bancada oficialista. De no hacerlo, no solo la ruptura sino la crisis tenderán a afectar aún más a Alianza País.