Benjamín Rosales

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4 de July de 2011 00:00

En los medios cibernéticos, cada vez más populares, muchos ecuatorianos manifiestan sus enfados con la forma de ejercer el poder del Presidente Correa. Insultos abusivos contra los que opinan diferente, acciones judiciales frente a críticas periodísticas, decisiones irresponsables que afectan la seguridad ciudadana son eventos recurrentes que tienen hartos a un creciente número de personas. Hace pocos días se ha formado una cadena que en corto tiempo incluye a miles de ciudadanos que se sienten cabreados con las actitudes de Correa.

Yo he estado fuera del país, pero gracias al internet se puede leer la prensa nacional y conocer lo que aquí ocurre. Me parece que las gotas que están derramando la paciencia de los ecuatorianos son, por un lado los irreales datos sobre disminución delincuencial, y por otro el conocimiento de la inversión inmobiliaria del Presidente en Bélgica.

Sobre lo primero, no nos pueden hablar de percepciones, ni presentarnos cifras que no se compadecen con la triste realidad. Los ecuatorianos sufrimos a diario inseguridad; robos, asaltos y asesinatos no son solo noticia en los medios, les ocurre a nuestros familiares, amigos y allegados corrientemente. Cada semana nos enteramos de uno u otro caso sin necesidad de ver los medios, vivimos preocupados de cuando nos ocurrirá a nosotros, o volverá a ocurrir, a los que ya hemos sido asaltados, y de cómo reaccionaremos cuando el caso se presente, para evitar un riesgo mortal. Ante esta terrible circunstancia, nos dicen que la delincuencia está bajando. ¿Nos creen idiotas? ¿Alguien estará fabricando estadísticas irreales como sucedió con los resultados de la consulta? No es improbable, tampoco son creíbles los datos de disminución del desempleo, mientras vemos más gente desesperada buscando trabajo.

Sobre lo segundo, el Presidente tiene derecho, como cualquiera, a invertir su dinero como quiera; pero el caso es que él ha recibido recursos de una inusitada decisión judicial, por supuesto daño moral causado por el error de un banco. Injusticias como aquella han ocasionado iguales o mayores problemas a muchos ecuatorianos, y nadie que yo conozca, excepto Rafael Correa, ha recibido miles de dólares por eso. Además, la indemnización que reclamaba ofreció donarla para beneficencia. Por otro lado, mientras el Presidente despotrica contra los que invierten en el exterior, él lo hace comprando un costoso departamento en un país europeo. Evidentemente hay una doble moral en estos actos que no escapan a la sensibilidad de cada vez más ecuatorianos.

Somos muchos los que nos estamos hartando de la intolerancia, irresponsabilidad e inmoralidad gubernamental.