José Ayala Lasso

¡Indignación!

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25 de February de 2012 00:01

Todos estamos indignados y abochornados por el reciente hallazgo de 40 kilos de droga en la valija enviada por la Cancillería al Consulado en Milán, Italia. La noticia es grave y vergonzosa.

La valija diplomática es un medio regulado por el derecho internacional para enviar la correspondencia oficial de un país a sus misiones diplomáticas bajo la protección de la inviolabilidad. No puede ampliarse para otros fines, por plausibles que estos pudieran ser. La valija va protegida por sellos y registros que no pueden romperse sin que eso sea fácilmente detectable.

La ambigüedad con que el Canciller se ha referido a esta escandalosa situación no produce otro efecto que despertar sospechas y suspicacias. Es difícil creer que un voluminoso embarque de droga oculto en jarrones y otros artefactos aparentemente destinados a montar una pieza teatral no hubiera podido ser detectado en el puerto de embarque y que -como ha dicho el Canciller- la droga hubiera sido colocada, violando sellos y seguridades, en “el camino” del avión. ¿Qué compañía de aviación transportó la valija? ¿En qué aeropuertos intermedios aterrizó la nave? Estas informaciones no pueden ser reservadas. Pensar que la droga fue introducida en un aeropuerto europeo es absurdo.

Resulta evidente que los controles que debieron hacerse en Quito no se hicieron o se hicieron mal. Nunca debió violarse tan groseramente la ley internacional para enviar, con la protección de la bandera soberana del Ecuador, artefactos no autorizados por el derecho internacional.

Los diplomáticos de carrera que, a lo largo de nuestro ejercicio profesional hemos procurado no solo servir a la patria sino prestigiar a la profesión, estamos indignados ante lo ocurrido.

No digo ni insinúo que las autoridades de la Cancillería conocieron y aprobaron el envío de droga a Europa. (El presidente Correa, equivocadamente y con su característica ligereza, me atribuyó tal propósito). Eso tendrán que esclarecerlo las investigaciones que se realicen. Pero es censurable su negligencia al no ejercer con eficacia los controles necesarios y, además, al defender la ilegal tesis de que en la valija se pueden enviar objetos distintos a los que indica el derecho internacional.

El desprestigio y la deshonra han caído no solo sobre las autoridades que no actuaron como debían sino -injustamente- sobre la Cancillería y el país entero. Esta no es una situación que deba pasar desapercibida o difuminarse progresivamente en la penumbra causada por otras situaciones escandalosas como las decisiones judiciales en contra de la libertad de información y opinión.

Que las autoridades de la Cancillería informen en detalle al país sobre lo que conocen y sobre lo que han hecho para investigar este vergonzoso escándalo es lo menos que se puede pedir.