Farith Simon

Indignación selectiva

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13 de January de 2014 00:01

La defensa de "el proyecto", en su momento, ahora los intereses de la "patria" y su soberanía, no hacerle el juego a la derecha o incluso que con los otros estábamos peor, han sido algunas de las razones que esgrimen personas con historias de militancia en la defensa de derechos humanos y de la democracia, para mantener silencio e incluso justificar los gestos de intolerancia, autoritarismo y abuso que se viven en el país.

Les provoca una profunda indignación, y con razón, que en Guayaquil golpeen a quienes salen a la calles a expresarse o clausuren un taller y apresen a un artesano por realizar una sátira de las malas condiciones del transporte municipal; sin embargo aplauden entusiasmados, o guardan silencio cómplice, por las amenazas a un caricaturista, las campañas de desprestigio oficial en contra de los críticos, el cierre de una organización no gubernamental, la acción servil de la justicia mediante allanamientos que recuerdan las peores prácticas de las dictaduras o el uso del poder para imponer desde el Estado visiones religiosas del mundo.

Estos indignados, pretenden que nada pasa frente a intercambios de mensajes que parecen poner en evidencia un aparente caso de tráfico de influencias y también consideran normal que el Presidente pida licencia para participar en la campaña política para las elecciones seccionales.

Es entendible que la realidad maquillada en los enlaces nacionales, de los bien logrados videos de la Secom, las "noticias" de los medios públicos y la repetición hasta el cansancio de ciertas "verdades", sorprendan a millones de personas que no se encuentran cerca de la política o que tienen pocas posibilidades para contrastar las "verdades oficiales" allí difundidas; lo que llama la atención es que ciudadanos informados puedan guardar silencio frente a esas acciones, que no se preocupen -al menos en apariencia- por la forma en que el poder se ha ido acumulando y ejerciendo en estos años.

Algunos creerán, como les sucedió a muchos desencantados, ahora en la oposición, que esto es temporal y necesario para lograr ciertos objetivos, que los fines -muchos de ellos legítimos- avalan cualquier acción.

Sin embargo, quienes toleran prácticas abusivas y guardan silencio frente a la acumulación de poder o el desbalance patente entre las diferentes funciones del Estado, pierden de vista que todos somos vulnerables frente a los poderes ilimitados y que, por lo tanto, deberán guardar silencio de manera que sus críticas no los alejen inmediatamente de los todo tipo de privilegios.

Creo que debemos dejar de ser ingenuos, la indignación selectiva los pone en evidencia, valoran más su posición, su carrera profesional, los beneficios o privilegios que obtienen cerca del poder, que los principios, valores y derechos que decían defender.