Manuel Terán

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7 de November de 2012 00:01

Ingreso a la habitación de una clínica privada y, sin haberlo solicitado, encuentro un ejemplar de un diario público. La curiosidad me empuja a revisarlo. Salta a la vista que se trata de una buena edición y que la calidad de los materiales es significativamente superior a la que se empleaba antes. Pronto se revela una presunta causa de esa mejora física. Las instituciones y empresas gubernamentales desparraman una generosa propaganda, desentonando con la casi inexistente en los diarios privados. Pero de otro lado es notoria la casi nula publicidad del sector privado. Quizá las agencias no sugieran contratar espacios en ese diario, debido a que probablemente el mensaje no llega al consumidor. Por contraste, un medio privado reposa en la mesa de espera. Se puede observar que cada página contiene anuncios, lo que hace presumir que se mantiene la confianza en que se alcanza el objetivo de difusión esperado. Buena señal, aun cuando la situación se asemeje a la metáfora de la gota de agua que cae persistentemente sobre la piedra, la palabra se esparce, toca, golpea. Allí están los dos ejemplares, cada quién tiene la libertad de elegir cuál tomar, leer, analizar. También la posibilidad de criticar o hacerse de una u otra opinión. En fin, sobre la mesa se encuentran diferentes opciones a la que cada persona está libre de adherir o refutar. Libertad que no se la puede coartar.

Revisando el contenido, se puede observar que se destaca la obra gubernamental. Pocas son las referencias de personas que no son parte del aparato estatal. Sin embargo hay una nota, a página entera, que se destaca sobre lo demás. Es un reportaje tomado del medio argentino “Página 12”, del cual Jorge Lanata, uno de los más acérrimos críticos del kirchnerismo, fue uno de sus fundadores pero que hoy, por esas circunstancias del destino y normalmente ajenas a la voluntad de los gestores, ese medio está en manos del gobierno al que le ha servido como instrumento en su abierto enfrentamiento contra la prensa.

Es una referencia a la salida de capitales del país austral. Allí aparece la lista de quienes sacaron más dinero de Argentina. La nota dice que, en los últimos años, salieron de ese país aproximadamente USD 60 000 millones. Según su autor, esta fue la principal motivación para que el Gobierno tomara medidas que restringen el acceso a las divisas.

Lo realmente impactante resulta conocer cómo las políticas económicas de una administración pueden generar tanta incertidumbre, para que un país llamado a atraer capital foráneo y de sus propios nacionales, en los hechos, ahuyente a los inversionistas. Es incomprensible que un monto de esa magnitud no se lo ha retenido en suelo argentino con medidas que estimulen la producción, para generado se reinvierta y en un círculo virtuoso, cree empleo. Y, paradójicamente se usan páginas oficiales para dar cuenta de semejante desaguisado.