Vicente Albornoz Guarderas

Cuando éramos independientes

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18 de March de 2012 00:03

Corría el año de 1991 y, luego de terminada la primera Guerra del Golfo, el precio del petróleo ecuatoriano caía casi 20%. Pero la economía en su totalidad crecía a más del 4%. Ah, épocas aquellas en las que el Ecuador empezaba a reducir su dependencia del petróleo, épocas de in-dependencia.

Luego, en 1992, el precio del petróleo volvió a caer, esta vez en 15%, pero la economía creció al 5%. Y la caída de casi 25% del precio del barril en 2001 tampoco impidió que la economía creciera otra vez al 5%.

Épocas eran esas en las que la economía podía crecer, incluso si el precio del petróleo caía porque, si bien la caída del crudo frenaba el gasto público, había una fuerte inversión privada que sostenía el crecimiento.

Eran épocas distintas a las actuales. Porque ahora la economía ya no es dependiente del petróleo, ahora es adicta. Y la evidencia es abundante.

Por ejemplo, en el primer trimestre del año 2009, cuando el petróleo cayó en 33%, la economía se contrajo en casi 1% trimestral. En cambio, cuando el precio del crudo se disparó en el segundo trimestre del año pasado, la economía creció a una de sus mayores tasas en varios años.

¿Cuál es el mecanismo que conecta tan cercanamente el precio del petróleo y el comportamiento de la economía? Muy sencillo: el petróleo financia el gasto público y, dado que hay poca inversión privada, ese gasto es el único motor que le queda a la economía. Sin inversión privada, el único impulso para crecer viene de lo que gasta el Gobierno.

Adicionalmente, la inversión del Gobierno no puede reemplazar a la inversión privada. Por ejemplo, una nueva carretera puede facilitar el transporte de productos de su zona de influencia, pero si no hay un ambiente adecuado para incentivar la inversión privada, no habrá productos que sacar de esa zona. Y si se hace nueve reformas tributarias en cinco años, si se desaparece la contratación por horas, si se amenaza con reformas agrarias y si se pone multas de USD 40 millones a empresas exitosas, es difícil imaginarse que alguien quiera invertir.

Y, si se pone un impuesto a la salida de capitales, nadie querrá traer capitales al país y se hace papelones con la valija diplomática, aún menos.

Entonces, nadie invierte, pero el Gobierno gasta mucho porque tiene un alto precio del petróleo. Y gasta más porque los chinos le prestan (caro, pero le prestan). Y si sube el precio, gasta más todavía y el consumo se dispara. Pero si el precio cae, la economía se contrae. Y el país cada vez es más dependiente del precio del petróleo.

Hubo una época en la que si el petróleo subía, el Gobierno ahorraba. Pero parece que ahorrar es una virtud solo para los malvados y perversos neoliberales de la noche. Evidentemente, consumirse hasta el último centavo es una virtud altiva y soberana.