León Roldós

¿Indefinida, perpetua, vitalicia?

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3 de junio de 2014 21:50

¿Qué significan esas palabras y para qué circunstancias?Según la Academia Española: Indefinido es lo que no tiene “término señalado o conocido”. Perpetuo es “lo que dura o permanece para siempre”. Vitalicio, dicho de una función o cargo “que dura hasta el fin de la vida”.

Una persona que se convence de que no está en capacidad de gobernar con eficiencia, aun cuando esté en un cargo vitalicio, puede decidir abdicar –cual es el caso del papa Benedicto XVI -o porque siente un quiebre de su autoridad –cual parece ser el caso de Juan Carlos de España-. Quizás la abdicación se da con algo de desprendimiento, pero también puede ser para intentar salvar o facilitar rectificaciones en la “institucionalidad”, lo que con éxito parece se logró en el Vaticano con el papa Francisco; y, respecto a la monarquía, está por verse en España.
Y al contrario, hay procesos de construcción –y a veces de aparataje- de democracia, en que sus principales actores son tentados a permanecer en el poder.
En la historia universal ha sucedido con grandes valores, también con mediocres personajes. Entre los primeros, recordemos al Libertador Simón Bolívar y la Presidencia vitalicia de la Gran Colombia –que declinó en enero de 1827- , seguida de un proceso de disolución que significó su división, y que lo llevó a su conocida exclamación “he arado en el mar”, antes de su muerte, 17 de diciembre de 1830.
Una aclaración esencial: los regímenes parlamentarios –los europeos- son muy diferentes de los regímenes presidenciales. No es que la señora Merkel, canciller y jefa de Gobierno de Alemania, ha sido elegida para ese cargo, en las urnas en varios períodos, sino que la fuerza política que la postula ha hecho mayoría en repetidas elecciones parlamentarias. Tanto es así, que si pierde mayoría parlamentaria, puede perder el cargo. Más aún, corresponde esto a democracias institucionalmente sólidas con división efectiva de las funciones del Estado.
En las elecciones de régimen presidencialista, se elige por sufragio universal al Presidente de la República, con evidente acumulación de poder, desde el Ejecutivo, aun cuando respete a las otras funciones del Estado, y mucho más si no lo hace. Aun cuando haya el aparataje de elecciones, una democracia podría dejar de ser tal si los que persiguen la reelección controlan a los que legislan, organizan y dirigen los procesos electorales, más aún si hay una justicia timorata.
Los regímenes presidencialistas de reelecciones indefinidas, realizadas con el aparataje de “sufragio universal”, que se conoce, son los de Bielorrusia, Kazajistán, Chipre, Angola, Namibia, Gabón y Uganda. ¿Habrán sido virtuosos, para ameritar seguirlos, los procesos electorales en esos países? En Latinoamérica la posibilidad está legislada en Venezuela y Nicaragua.