Marcelo Ortiz

El imperio hitleriano

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16 de December de 2012 00:01

Debió extenderse por Europa por tiempo indefinido. No fue así porque alcanzó 12 años 1933-45, y la mitad ocupó en la guerra expansiva a otros países. En 1920 el partido social-demócrata liderado por Federico Ebert gobernaba Alemania, y surgía el Partido Obrero Alemán Nacional Socialista con Adolfo Hitler, como líder. Su objetivo político-electoral era quitar la hegemonía de ese partido que dominaba el Reichstag-Congreso junto al partido comunista. Esas dos columnas ideológicas debían destruirse, y el capital judío sería controlado.

En 1933 el Presidente Hindenburg ante la fuerza electoral del partido nazi que eligió Presidente del Congreso a Goering, le nombró Canciller. En marzo Hitler, eufórico, hizo aprobar la “Ley de plenos poderes” con la cual aceleró la desaparición del pluripartidismo. Tenía 4 puntos: Dictar leyes, decidir cambios en la Constitución, controlar el presupuesto y suscribir tratados con otros Estados. Reforzó su hegemonía en el control social con la Gestapo (policía secreta estatal) y a través de las juventudes hitlerianas dominó, bajo el miedo y la violencia, al pueblo considerado masa débil, vaga y cobarde que debía sumirse en el fanatismo. Goebbels-Ministro de instrucción popular y Presidente de la Cámara de la Prensa, anuló la libertad de expresión al pasar al Estado toda la radiodifusión, y la prensa fue absorbida en más del 60% en forma directa. La cinematografía, el teatro, las artes plásticas, y la música pasaron a la censura directa para que expresen las proclamas del poder hitleriano. La nueva cultura se iría creando en esos límites que situaban fuera a Kant, Hegel y otras glorias filosóficas. Insignias, banderas, himnos y canciones estaban inmersos en la cruz gamada y el rostro del Füerer.

Creada la Academia Prusiana de Literatura, los escritores insumisos fueron expulsados. En 1933, las cumbres literarias, Thomas Mann- Premio Nobel 1929, Franz Werfel y Heinrich Mann quedaron fuera. Otros fueron vigilados, encarcelados y algunos se suicidaron como Kurt Tucholsky quien escribió a Arnold Swieg: “Debíamos decir, esto o aquello está mal, y en lo otro nos equivocamos, pero no han sido los demás quienes han fracasado, sino nosotros solos”. También Freud tuvo que salir al exilio en Londres. Ese genio médico del psicoanálisis abandonó Viena en 1939. Por último, eran frecuentes las incineraciones públicas de libros.

Quizá esta síntesis del totalitarismo nazi junto a mi análisis anterior publicado en esta columna sobre el fascismo, sirvan para comprender estos temas históricos y mirar al futuro del Ecuador. La oposición al absolutismo llega a una prueba máxima electoral en febrero de 2013.