Diego Cevallos Rojas

Iglesias y homofobia

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16 de June de 2012 00:02

Los jerarcas de la iglesias Católica y Evangélica animan la discriminación contra homosexuales, lesbianas y transexuales. Aunque afirman acogerlos en su seno, se aferran a la tesis de que son producto de desviaciones morales. ¿No será ya el momento de revisar tal postura y escuchar a quienes desde dentro de las mismas comunidades eclesiales piden un cambio?

Parte de la homofobia se escuda en la palabra de clérigos o en presuntas leyes divinas. Ciertamente las iglesias condenan la violencia contra los homosexuales, lo que se agradece en un mundo en el que cientos de ellos son asesinados cada año y en el que 70 Estados todavía castigan la diversidad sexual, en ocho con la pena de muerte.

La idea de que el homosexual es una especie de enfermo al que hay que curar, que requiere ayuda y oración para que regrese a la “normalidad”, son predominantes en los mandos católico y evangélico. Sorprende el aferramiento a esos conceptos, pues la psiquiatría los desautorizó hace rato, igual que lo ha hecho la Organización de las Naciones Unidas con una batería de estudios y resoluciones que favorecen el respeto a la diversidad sexual.

Países de alto desarrollo económico y democrático autorizan los matrimonios entre personas del mismo sexo y algunos permiten la adopción. Un gobierno considerado de derecha, como el chileno, se dispone a financiar con dinero público operaciones de cambio de sexo y tratamientos hormonales. Hay iglesias seguidoras de Cristo que aceptan a homosexuales y lesbianas, incluso para oficiar como ministros de culto.

El obispo católico mexicano Raúl Vera apoya con entusiasmo a un grupo que promueve el respeto a la diversidad sexual y demanda que termine el trato de “infestados” que reciben homosexuales y lesbianas. Algo similar hace la monja estadounidense Margaret Farley, profesora de ética cristiana y autora del ya famoso libro "Just Love: A Framework for Christian Sexual Ethics". Sostiene que las relaciones homosexuales no son inmorales si se basan en armonía y justicia. Pero El Vaticano no quiere enfrentar detractores en sus filas, así que abrió una investigación contra Vera y desautorizó a Farley.

Pocos años atrás entrevisté a una pareja estadounidense de ex pastores evangélicos, que luego de ir a terapias supuestamente reparadoras y de vivir convencidos de que tenían tendencias inmorales y ajenas a los mandatos divinos, lo que a uno de ellos casi lo lleva al suicidio, decidieron asumir su preferencia sexual. Ahora se declaran felices, enamorados y siguen creyendo en Dios.

El respeto a orientaciones sexuales diferentes, que no tiene nada que ver con aceptar la pedofilia, el sadismo o las violaciones, es una tarea pendiente de las iglesias. No hacerlo, anima a los intolerantes.