Marcelo Ortiz

La Iglesia Católica

Compartir
valorar articulo
Descrición
Indignado 0
Triste 0
Indiferente 0
Sorprendido 0
Contento 0
5 de March de 2013 00:03

En el mundo globalizado del siglo XXI la renuncia del papa Benedicto XVI-Joseph Razinger ha sido noticia del día. Se trata del Jefe espiritual de la Iglesia Católica que rompió el esquema vitalicio de ese mandato ejercido en nombre de Dios y practicado casi 600 años. A mediados del siglo XVI se rompió su estabilidad por el profundo cisma que tuvo, cuando los disidentes Martin Lutero y Juan Calvino dejaron sus jefaturas criticando el celibato sacerdotal instaurado en el siglo III de nuestra era. Y una vez casados siguieron ejerciendo su sacerdocio. La nueva religión se extendió por Alemania, Escandinavia, Inglaterra, Escocia y llegó a los Estados Unidos de América. Hoy, el catolicismo irradiado desde la soberanía territorial del Vaticano como Estado dentro de Roma, mantiene el poder espiritual sobre 1 196 millones de feligreses en el mundo. América Latina aporta 586 millones.

Freud hace más de 100 años, al consolidar el psicoanálisis como método curativo de la neurosis individualizada, encontró bases firmes para investigar a la sociedad humana que tuvo en su seno a dos masas que las nominó "artificiales": la Iglesia y el Ejército formadas en base a una coerción a sus integrantes para lograr la estabilidad en el medio social. Dijo que era imprescindible "la presencia visible o invisible de un jefe (Cristo, en la Iglesia, y un general en Jefe en el Ejército) que aman por igual a todos los miembros".

La pertenencia a la Iglesia constituye un renunciamiento a su libre albedrío porque debe acatar todas las disposiciones. Su vida personal se sitúa en la conducta colectiva. Así deberá bautizarse, confirmar su fe, concurrir al acto de primera comunión, aceptar el matrimonio vitalicio. En fin, dice Freud, entrar en un gregarismo es aceptar esas coerciones porque provienen del Santo Padre o Papa situado en la cúpula del poder espiritual sustentado en una estructura vertical que comienza en los cardenales, luego arzobispos, obispos hasta llegar a los sacerdotes que son las bases difusoras de la fe. Además, todos deben cambiarse a la vestimenta determinada para cada grado jerárquico. Su vida conventual y la atención administrativa ante los feligreses y toda la sociedad causan respeto. Si bien el apostolado ejercen hombres y mujeres; sin embargo, solo los hombres pueden oficiar la misa sacramental y todos los actos divinos.

El reconocimiento permanente de la presencia de Dios humanizado en el Papa, mantiene unida, en el mundo a esa masa artificial católica. Al individualizarse participa de otras colectividades como clase social, asociaciones deportivas, profesionales, culturales, artísticas, de partidos, que se identifican como grupos donde se reafirman los ideales del Yo. Al despedirse Benedicto XVI, el 28 de febrero, vio desde su balcón, frente a la explanada del Vaticano, cómo una multitud lo aclamaba. Sus serenas y últimas palabras fueron de bendición en nombre de Dios.