Rodrigo Borja

Ideología

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A propósito del llamado del papa Francisco I hace pocos días en la Plaza de la Revolución en La Habana a “rechazar toda ideología en el servicio a los demás”, vale decir que las ideologías políticas son sistemas de ideas, creencias y valores filosóficos sobre el fenómeno humano y el fenómeno social que están siempre presentes en el pensamiento y actos humanos.

La palabra ‘idéologie’ fue acuñada por el filósofo francés Antoine-Louis Destutt de Tracy, en 1795, como “ciencia general de las ideas” y divulgada por los pensadores de la Revolución Francesa.

Cuando pensamos, hablamos, escribimos o actuamos hacemos ideología. Con mayor razón cuando nos insertamos en la vida política.

Las ideologías son sistemas de ideas, creencias y categorías filosófico-políticas en torno al ser humano y a las experiencias sociales. Ellas entrañan una concepción del mundo, una cosmovisión. Idealistas unas, materialistas otras, son desde el punto de vista filosófico distintas maneras de entender la libertad, la justicia social, el equilibrio entre la libertad y la autoridad, las tensiones entre la libertad y la igualdad, la organización y fines del Estado, la función de éste en el proceso económico de la sociedad, los linderos del concepto democrático, la organización y participación populares, la distribución del ingreso, los límites y responsabilidad social del derecho de propiedad y otros temas cardinales de la convivencia humana.

En el campo político las ideologías dicen lo que hay que hacer desde el poder y para quién, mientras que los esquemas programáticos, que son un desprendimiento de ellas, señalan el cómo y el cuánto de tales acciones. Consecuentemente, en todos los actos políticos y gubernativos está presente la ideología.

Cuando en el presupuesto estatal, por ejemplo, se fijan prioridades en el gasto público, allí está actuante la ideología para explicar por qué se privilegia una inversión y posterga otra.
Las ideologías son seres vivos, siempre perfectibles y en permanente integración. La quietud ideológica no existe. No hay “sagradas escrituras” políticas establecidas para siempre. Pero ninguna ideología es eterna. Todas obedecen al ciclo vital dialéctico de nacimiento, plenitud, decadencia y muerte.
Hay una relación directamente proporcional entre el nivel de educación de la gente y la fuerza y convicción con que piensa y siente una ideología.

En este campo los políticos se mueven entre dos extremos: la convicción ideológica profunda —que determina para ellos una constante manera de ser, ver las cosas y actuar— y el pragmatismo, que es el inmediatismo utilitario, desde el cual juzgan la verdad —o, mejor, la conveniencia— de las doctrinas políticas.

Son aquellas dos posiciones antagónicas frente a la vida social: fundada en ideas, la una, y empírica, la otra, más ligada a los intereses que a los principios.