Fernando Larenas

Humillación

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29 de April de 2014 00:02

Eso de la ciudadanía universal suena bien, parece sinónimo de solidaridad, de humanismo, justicia, derecho, etc. Hace pocos días la prensa informaba de dos episodios, uno tenía que ver con haitianos y otra con cubanos. La primera informaba que 400 haitianos fueron enviados a Sao Paulo donde deambulan en torno a la iglesia de un barrio en busca de comida o de un trabajo; la otra daba cuenta de la situación de una decena de cubanos que pretendía ingresar por el aeropuerto de Quito, pero tuvieron que permanecer en la terminal aérea durante nueve días.

Los haitianos fueron enviados a Sao Paulo desde el Estado de Acre, limítrofe con Bolivia y Perú, donde viven 20 000 refugiados de Haití. El éxodo de haitianos comenzó a partir del terremoto que devastó ese país en enero del 2010. En Cuba no se ha registrado ningún terremoto, pero muchos cubanos intentan encontrar mejores oportunidades laborales en otros países.

Pese a que fue conquistado por portugueses, Brasil es un país que se consolidó gracias al arribo de millones de migrantes de todo el planeta. Es uno de los países más cosmopolitas de Sudamérica, pero las autoridades de Sao Paulo no quieren refugiar a los haitianos.

Las corrientes migratorias son tan antiguas como la humanidad. De hecho, todos los países se han constituido y creado gracias a los emigrantes que salieron de sus países para trabajar de manera digna, estable o temporal en otro país, incluso en otro continente.

En el caso de Ecuador, miles de compatriotas se fueron a Estados Unidos, incluso antes de que se desatara la crisis de finales de los años noventa. Durante y después de esa crisis el destino preferido fue España, un país que ofrecía posibilidades de empleo y de desarrollo para quienes llegaban a ese territorio. Ahora la situación cambió, miles han regresado, pero un número indeterminado se quedó en ese país y trata de sobrellevar la crisis.

En medio de todos estos grandes movimientos humanos siempre se producen situaciones extremas, como por ejemplo el surgimiento de la xenofobia, que tiene un significado atroz: odio, repugnancia u hostilidad hacia los extranjeros. No quiero acusar de eso a los funcionarios que tuvieron retenidos a los cubanos, pero entonces ¿cómo calificar la actitud de no permitir el ingreso de los caribeños cuando apenas, unos pocos días antes del arribo, se había expedido un decreto que liberaba a los ciudadanos nacidos en Cuba de la obligación de una carta de invitación?

Obligar a una persona permanecer tantos días en una terminal aérea es una humillación. Se sabe que la Defensoría del Pueblo investiga qué ocurrió. También se sabe que a uno de los cubanos retenidos en el aeropuerto le esperaba su esposa que había arribado el año pasado al país. Lo que no se sabe es la suerte que tuvieron los cubanos que fueron repatriados a su país, algo que siempre quisieron evitar.