Patricio Quevedo

Humboldt y América

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28 de March de 2012 00:01

Seguramente todos quienes debemos utilizar lentes, hemos pasado a través de la misma experiencia o alguna parecida, mientras que el oculista – o, más propiamente, el optometrista – nos ofrece las alternativas disponibles. Al principio la imagen es muy borrosa, indefinida, la silueta presenta bordes no bien marcados pero de pronto la imagen se va definiendo, hasta que se llega a la estampa de perfecta claridad.

Perdóneseme la comparación un poco barroca. Sin embargo a medida que uno avanza mediante la lectura del libro ‘Humboldt y la emancipación de Hispanoamérica’, es la misma la impresión que se tiene acerca de ¿quién fue el personaje – se trata de Alejandro, al que no debe confundírsele con Guillermo, también individuo destacada de comienzos del siglo XIX –; cuáles fueron los ‘talentos universales’ florecidos lo mismo en el Renacimiento europeo que cuando el siglo de la Ilustración?, ¿fue o no el emblema de los viajeros que vinieron al Nuevo Mundo cuando el Imperio español estaba ya en bancarrota; ¿el americanista por excelencia?; ¿incluso ‘el segundo descubridor de nuestro Continente’?; ¿en qué mismo consistió su obra durante los meses y años cuando visitó con avidez de conocimiento amplias comarcas hispanoamericanas?; ¿influyó o no de manera tangible sobre los movimientos emancipadores que, como una caldera en ebullición estaban a punto de estallar en diversas parcelas del vetusto imperio?

Barrida ya la hojarasca de las conmemoraciones retóricas del Bicentenario; concluido el jolgorio y desvanecido el estruendo de los juegos pirotécnicos, el libro dedicado a Humboldt, bien puede estimarse de lo más serio, iluminador y de influencia más duradera que haya dejado el superficial y descaminado festejo.

A propósito de un Simposio internacional, el compilador – el antropólogo doctor Segundo Moreno Yánez –, presentó la obra.

El rector de la PUCE, Manuel Corrales Pascual, se cuestiona cómo ha de celebrar el bicentenario de la independencia política una universidad, y él mismo contesta que de acuerdo con su propia naturaleza y funciones.

Como el ser de la universidad “es la ardiente búsqueda de la verdad y su transmisión desinteresada a los jóvenes estudiantes y a todos aquéllos que aprenden a razonar con rigor, para obrar con rectitud y para servir mejor a la sociedad”, reconoce Corrales que la búsqueda de la verdad histórica y su hallazgo no son empeños nada fáciles, pues parten de los testimonios y de su crítica y de la credibilidad de los testigos, frente a las inútiles fantasías, las reacciones viscerales y los anacrónicos posicionamientos ideológicos.

Luego viene la intervención del compilador, Moreno Yánez, con profundas reflexiones sobre la condena al colonialismo externo y al interno e intervenciones de México, Venezuela, Colombia y sobre todo Perú y el círculo quiteño a partir de 1802.