27 de July de 2010 00:00

Sobre Hugo Chávez

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Carlos Alberto Montaner

No son okupas, son cómplices y aliados del gobierno de Hugo Chávez. Colombia aportó las fotos, los videos, las coordenadas y lo demostró claramente en la OEA: en Venezuela la retaguardia de las narcoguerrillas de las FARC y del ELN está instalada en campamentos permanentes. Algunos tienen varios años de construidos. El número de efectivos militares que se barajó alcanza los 1 500 hombres. Un verdadero ejército. Demasiados, para alegar que entraron clandestinamente.

Ante esta avalancha de evidencias, Hugo Chávez ofendió otra vez a Uribe y rompió relaciones con Colombia. ¿Qué se hace con un vecino como Chávez? A mi juicio, lo que ha hecho Uribe: denunciarlo. Colombia debe tocar también a las puertas de la ONU, la Unión Europea, los tribunales internacionales, los parlamentos regionales, como el andino, que no se sabe muy bien para qué sirve.

A Juan Manuel Santos, el presidente electo de Colombia, le conviene lo sucedido. Ignorar lo que ocurre en la frontera no es una opción seria. Nadie puede predecir cómo evolucionarán las relaciones entre ambos países y talvez Colombia tenga que apelar al uso de la fuerza dentro del territorio vecino. Llegado ese punto, es muy conveniente que todas las cancillerías y la opinión pública entiendan las razones. No se puede permitir que Venezuela se convierta en un santuario para los narcoguerrilleros. ¿De qué sirve acosarlos y derrotarlos adentro, si pasan la frontera, se revitalizan y vuelven a la carga? Así no hay quién les gane.

¿Habrá guerra? Colombia no la quiere, pero Chávez la está provocando. Y la manera de intentar evitarla es poner una gran presión política y económica sobre Caracas. ¿Por qué Chávez va a abandonar su complicidad con las narcoguerrillas si no le cobran un alto precio por esa conducta? La diplomacia de las sanciones y las denuncias es el único recurso disponible para evitar la guerra.

Lo dijo con elocuencia el Embajador colombiano ante la OEA: el mundo no puede mostrarse indiferente ante la complicidad del Gobierno de Caracas con las FARC y el ELN. Es imposible ignorar a un Mandatario irresponsable que anda con una chequera repleta de petrodólares subsidiando el desorden, la subversión y la violencia. Una cosa son sus pintorescas manías de exhumar cadáveres, o de inventarlos, como hizo con el de Manuelita Sáenz, la amante de Bolívar, y otra mucho más grave es ayudar a bandas dedicadas a crear nuevos cadáveres en nombre de una revolución que desde hace décadas se perdió en los vericuetos del delito común.

Para lograr cierto éxito, Colombia va a tener que olvidarse de la OEA y persuadir a EE.UU. y Europa de que no pueden continuar ignorando los desmanes de Chávez. La fuerza moral sirve de poco sin un palo que la acompañe. Esa tarea diplomática le va a tocar a Santos. Para su fortuna,Uribe se la dejó encaminada.

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