Alexandra Kennedy-Troya

¿Todo hueco es trinchera?

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En una sesión del concejo cantonal de Cuenca se decide otorgar la insignia Santa Ana de los Cuatro Ríos al cura César C. por su aporte a la educación de la ciudad. Son los allegados de este sacerdote los que enumeran la cantidad de obras realizadas, tantas escuelas, colegios, dispensarios médicos, la Universidad Católica. Salvo unos pocos, la mayoría, asiente. Una declaración valiente de un ciudadano actualiza una denuncia de pederastia contra el cura archivada años atrás; una nueva denuncia en días pasados complementa esta. Este sujeto miembro de la Iglesia fue entonces vedado de acercarse a niños y jóvenes…A pesar de ello sigue siendo director de escuelas y colegios. La ciudadanía ha conocido en años anteriores, ventas de títulos falsos, enriquecimiento de fuentes desconocidas, cosa que el politólogo Enrique Ayala en una entrevista en Ondas Azuayas, demanda debe ser investigado. Ante todo esto el municipio “negocia” el que el cura no reciba la presea so pretexto de no poder acudir por enfermedad. Se han visto en aprietos, escogieron mal. Pero los ciudadanos no nos tragamos el cuento y merecemos al menos una disculpa desde la máxima autoridad de la ciudad, no un desentenderse de un problema tan grave como éste.

Se abre un nuevo boquete en el tema de abuso y violencia sexual en medio de la clausura temporal del Premio Nobel de la Literatura; del despido de la Academia de dos miembros, actor y director de cine, Crosby y Polansky; de las denuncia al director de ONU-Sida Luiz Loures. El problema es serio y en nuestro medio lo es aún más por lo connaturalizado que está al interior de las familias, en la calle, en la escuela, en el confesionario. La educadora y activista sexual Ana Cordero propone, entre otros, que se eduque a hombres y mujeres, que se hable de sexualidad no solo desde la genitalidad, sino desde la afectividad, el erotismo.

Ya en época de Correa el Ministerio de Educación encargó una guía para maestros extraordinaria, guía que fue finalmente archivada “por fuerte”. El Plan Familia reemplazó lo anterior, un Plan que no recogía ni el concepto amplio de familia, ni abordaba con profundidad los problemas de violencia de género. Esto en una sociedad patriarcal y machista en donde cualquier persona con poder se siente con el derecho de usar y abusar sexualmente al más débil.

La víctima, queridos lectores, no tiene nada que probar, nada. Es el victimario el que tras una denuncia debe probar su inocencia. Así es en otros países. Las relaciones equitativas de género una vez establecidas tendrán impacto en el mismo lenguaje: “el hombre propone y la mujer dispone” o “todo hueco es trinchera”, serían auto eliminados una vez que entendamos lo que estas frases encierran. Es trascendental implementar la justicia a un violador, abusador de mayores y menores y sentar precedentes ya.