Miguel Rivadeneira

Si hubiese habido un fondo

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El terremoto último ha puesto en evidencia un hecho destacado: la inmediata unidad y la gran solidaridad expresada por el pueblo ecuatoriano.

Eso demuestra el comportamiento humano para contribuir a la dolorosa tarea de rescatar sobrevivientes, muertos y heridos, llegar con la ayuda necesaria y oportuna y luego en la larga tarea de reconstrucción. Bien por la reacción de todos. Autoridades nacionales, seccionales, eclesiásticas, socorristas, médicos, bomberos, militares, policías, estudiantes, niños, adolescentes, jóvenes, empresa privada y la ciudadanía llegaron con manos solidarias. 


Para hacer frente a la aguda crisis económica que se vive, no solo por la caída del precio del petróleo sino el enorme gasto público, está pendiente de aprobación en la Asamblea un proyecto urgente con varias medidas. Hoy, en otras condiciones por el impacto del terremoto, el Gobierno anuncia el incremento temporal de dos puntos del IVA.

La factura se pasa por el fenómeno natural y se trata de eludir la responsabilidad en el mal manejo de los recursos. No dijeron que estábamos preparados para cualquier contingencia. ¿Dónde están los recortes drásticos en el gasto, de actos costosos, de bienes y de entidades ineficientes del buen vivir? No hay conciencia de ahorro, más aún cuando vivimos en una zona altamente sísmica y rodeados de volcanes activos.


Esta emergencia se pudo enfrentar en mejores condiciones si se hubiese mantenido un fondo que tienen otros países. Bolivia ha logrado ahorrar cerca de USD 20 000 millones. Los fondos de estabilización en Chile no solo han servido ante ‘shocks’ económicos. Guarda los excedentes de las exportaciones de cobre.

Al 2014 mantenía acumulado casi USD 15 000 millones, luego de afrontar y utilizarlos en el 2010 por el terremoto y tsunami y así minimizó sus impactos.
En el Ecuador hubo un fondo de solidaridad. Otro ahorro hasta el 2007 a través de fondos petroleros y al final de ese año el saldo era de USD 3 193 millones. Se eliminaron y se gastaron porque se incorporaron al presupuesto.

Solo entre el 2010 y 2013, según Cordes, se obtiene un ingreso extraordinario de cerca de USD 7 500 millones pero el Gobierno se gastó.
Con estos ahorros, que han sido tratados despectivamente como fonditos, se podían minimizar los impactos. Como hacen las familias responsables, guardan recursos cuando hay ingresos adicionales, según sus posibilidades, para afrontar momentos de desempleo o de emergencias de salud.

No se gastan todo. 
El argumento oficial reiterado de que el mejor ahorro está en carreteras no funciona para estas urgentes necesidades porque se necesitan recursos. Bien por el mejoramiento de las vías o la ejecución de grandes obras como centrales hidroeléctricas, que se ha hecho con mayoría de endeudamiento externo, pero además hay que ahorrar algo para las emergencias. Y si no se tiene vienen problemas serios, aunque tengamos buenas carreteras.