Carlos Alberto Montaner

Honduras: fin del chavismo

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3 de December de 2013 00:01

Lo advertían las mejores encuestas. Juan Orlando Hernández (JOH), Partido Nacional, le sacaría entre 5 y 6 puntos de ventaja a Xiomara Castro, mujer de Mel Zelaya, Partido Libre. Y así fue: votó un 60% del electorado y JOH obtuvo el 35%. Xiomara Castro recibió el 29%.

Los gritos y protestas de Mel son inútiles. El joven abogado Juan Orlando Hernández es el presidente electo de Honduras. Lo certificó el Tribunal Superior Electoral y le dieron el visto bueno la OEA, el Parlamento Europeo y el Centro Carter. Lo inteligente sería que Zelaya admitiera su derrota.

¿Por qué no lo hace? Afirman que Mel, electo diputado por Olancho, intenta cambiar su pacífica aceptación de los comicios por la Presidencia del Congreso. Si es cierto, no creo que lo logre.

El pacto "natural" en el Congreso pudiera ser entre los nacionales de JOH y los liberales de Mauricio Villeda. Ambas formaciones, acompañadas del Poder Judicial, acordaron desalojar del poder a Zelaya en el 2009, cuando este intentó llevar su país hacia el chavismo. Entonces, 111 de los 128 diputados -liberales y nacionales- votaron destituirlo. Acaso vuelvan a coincidir.

Estas elecciones son mucho más importantes de lo que parecen. Finalmente, las preferencias políticas de los hondureños pudieron contarse y se demostró que el chavismo, liderado por Zelaya, nunca alcanzó el 30% del respaldo popular.

Los hondureños, de algún modo, se adelantaron a su tiempo. La Alba está de capa caída tras morir Hugo Chávez y el inocultable desastre venezolano. Resulta muy significativo que Daniel Ortega estuviera entre las primeras voces que reconocieron el triunfo de Juan Orlando Hernández.

Por otra parte, Maduro, Morales, Correa y Raúl Castro guardan silencio, al igual que el chavismo vegetariano: Cristina Fernández, Dilma Rousseff y José Mujica. No han tenido la cortesía de felicitar a JOH, pero tampoco lo deslegitiman. Eso es moral de derrota.

Probablemente, el resultado de las elecciones hondureñas sea un ensayo general de lo que sucederá en Venezuela el 8 de diciembre próximo. Aunque sean comicios municipales, donde están en juego 335 alcaldías con casi dos mil quinientos concejales, pondrá a prueba el liderazgo y respaldo a Nicolás Maduro.

Si los venezolanos logran impedir las trampas, votar masivamente y conseguir que el Gobierno no vulnere la voluntad popular, ocurrirá lo anticipado por el encuestador Alfredo Keller: el chavismo perderá por una decena de puntos y en casi todas las ciudades importantes se instalará la oposición.

Esa situación multiplicará la debilidad de Maduro, un personaje nada respetado y poco querido, incluidos los chavistas cansados de un patético señor que habla con los pájaros, duerme junto a los restos de Chávez y no deja de hacer y decir tonterías. Pero la oposición, si obtiene la victoria, no puede dejar arrebatársela. Sería el fin de cualquier esperanza de salir de esa pesadilla pacíficamente.