Juan Valdano

‘Homo negans’ y conducta ovejuna

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¿Qué es lo que hace al hombre un ser diferente del animal? No son pocos los filósofos y antropólogos sociales que han respondido a esta pregunta. Hay cualidades cuya sola posesión convierten al ser humano en una criatura distinta al animal. Así, por ejemplo, hay quienes definen al hombre como “homo faber”. Aquí se pondera esa peculiar capacidad suya de fabricar utensilios, singular condición del bípedo que le permitió avanzar por el sendero de la hominización. Otros hablan del “homo sapiens”. En estricto sentido es el hombre que piensa: aquel que utiliza el pensamiento para penetrar en el significado de los fenómenos, capturar el sentido del universo. No faltan aquellos que lo definen como “homo ludens”, el hombre que juega. Solo en la naturaleza humana se da la pasión por el juego. El objeto del juego se consume en la propia actividad de jugar; su propósito trasciende las cotidianas necesidades de la supervivencia. Debemos pensar que el arte y la literatura tienen un carácter lúdico, carecen de finalidad utilitaria. Desde las pinturas rupestres del paleolítico hasta hoy el arte no ha tenido otro objeto que ser él mismo, su fin se agota en la propia creación.

Dejo a un lado el conocido “zoon politikon” (animal cívico) de Aristóteles y me detengo en un enunciado de Erich Fromm quien define al hombre como “homo negans”, esto es, el que dice “no”. Decir “no” aun cuando la mayoría de los hombres dicen “si” y “cuando su supervivencia o su conveniencia así lo requieren” es una cualidad privativa del ser humano. Frente al poder el hombre se aparta de los demás animales “por su capacidad de decir “no”, por su afirmación de la verdad, el amor, la integridad, aun a expensas de su resistencia física”.

Algo ineludible del ser humano es el ejercicio de su libertad, la facultad de escoger un destino para sí aun contrariando dogmas imperantes o la severa vigilancia de los poderes vigentes. Desde la estadística, lo común del hombre es aceptar la situación que en suerte le ha tocado; sin embargo, cabe la discrepancia y el descontento, la búsqueda de lo diferente, la tentación de la rebelión. El “homo negans” es aquel que se aparta de la conducta ovejuna propia del animal arrebañado, el que puede dar un rumbo distinto a sus días, el que discrepa de un estilo gregario de vida para trajinar por derroteros distintos, más acordes a su ser y a sus ansias.

Lo que más desnaturaliza al ser humano es haber enajenado su libertad, la capacidad de juzgar y elegir por su cuenta; el haber adocenado su conducta a los dictados e intereses de un caudillo, una clase o un partido; el ser una simple ficha de ajedrez que se la mueve o descarta según la conveniencia de un poder extraño. El hombre adocenado no piensa y si piensa no decide por su cuenta. Los ovejunos balan cuando el líder de la manada bala.