Rodrigo Fierro

Hombres del Austro

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Hace 70 años y algo más descubrí que en el Sur, sus gentes cantaban cuando hablaban, componían versos y no les faltaba el mote. A mi padre médico militar le tenían de guarnición en guarnición, y es así como llegué a Cuenca y el 3er Curso lo pasé en el Colegio Borja. Mis condiscípulos me parecieron seres de un mundo más amable del que había dejado en el Norte. Creo haber batido todas las marcas: conservo amigos cuencanos desde aquella época, como Pepe Neira y Claudio Cordero, y otros de más de media vida como Leoncio Cordero y Guillermo Aguilar Maldonado.

Preámbulo obligado para una suerte de portento que me sucedió la semana pasada. Me llegaron los 3 volúmenes de la Historia de la Ciudad de Cuenca, obra de Juan Cordero Íñiguez. La Historia de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca (1867-2017), por varios autores. Uno de ellos el Dr. Raúl Pino Andrade, joven docente de aquel claustro, encargado de entregármela. Y días antes, “Huellas de mi camino” del Dr. Wellington Sandoval Córdova.

A Juan Cordero, le debo y creo que los ecuatorianos le debemos, la comprensión del singular y destacadísimo papel que les correspondió a los cañaris cuando en alianza con los cuzqueños se enfrentaron a las tropas de Atahualpa, y luego en alianza con cusqueños y españoles contra puruhuayes y quiteños en la definitiva batalla de Tiocajas. Como Juan Cordero forma parte de aquellas estirpes que llegaron hace siglos al austro para quedarse, la Historia de su ciudad tendrá esos toques de nobleza, como también lo tienen las cosas de las que trata sobre Cuenca y los cuencanos, el ilustre Gustavo Vega Delgado.

De los 7 autores de Historia de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Cuenca, a dos de ellos los conozco desde cuando fundamos la Sociedad Ecuatoriana de Historia de la Medicina hace 40 años. Jacinto Landívar Heredia y Ernesto Cañizares Aguilar. Ellos son los representantes de la culta clase médica del Sur.

Al que fue mi amigo del alma, Jorge Córdova Galarza, cuencano, tío de Wellington Sandoval Córdova, le oí decir un día: “Hombres del austro, de pocas pasiones y muchas emociones”. Es así como se presenta el Dr. Sandoval ante quien lee sus memorias, “Huellas de mi camino”. Memorias, autobiografías, testimonios, confesiones, etc. van ocupando el sitio que les corresponde en cuanto a que la historia queda despojada de misterios o de interpretaciones descabelladas cuando los protagonistas de acontecimientos importantes o banales tienen oportunidad de hablar. Autobiografías y más constituyen lo que en España se califica de “Escritos del yo”, cada vez más frecuentes y más leídos.

Los libros comentados, vienen a sumarse a la importante contribución de los hombres del Sur en la memoria escrita de nuestro país.