Óscar Vela Descalzo

El hombre que no fue jueves

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21 de junio de 2014 17:52

Poco tiempo antes de que Benedicto XVI dimitiera, en el Vaticano se reabrió un viejo y extraño proceso que perseguía la canonización del escritor inglés G.K. Chesterton. El expediente, según datos históricos dispersos, se sustenta en una misteriosa misión que el autor del inolvidable personaje del Padre Brown habría prestado a la Iglesia Católica, en 1929, por solicitud del papa Pío VI.

Lo que para algunos parecía ser una simpática broma sacada de alguna de las obras del propio Chesterton, y para otros un despropósito poco verosímil, resultó ser una realidad incontrovertible cuando en el año 2005, en un congreso de la Sociedad Chestertoniana celebrado en Buenos Aires, el padre Johann Child recordó que al morir Chesterton en 1936, Pío VI lo proclamó defensor de la fe católica y que ya era tiempo de pensar seriamente en su santificación. Y, en efecto, mediante una carta enviada a Benedicto XVI a través del entonces cardenal argentino Jorge Bergoglio, gran admirador de Chesterton, se hizo conocer a Ratzinger de la existencia de un nuevo milagro que fundamentaba la decisión de canonizar al escritor inglés.

La famosa carta que recibiera Benedicto XVI con la descripción ampliada del supuesto milagro y la petición de reapertura de las investigaciones, al parecer fue descubierta entre la correspondencia personal que se encontró en manos de su mayordomo y hombre de confianza Paolo Gabriele, hoy juzgado por la moderna inquisición del Vaticano.

Actualmente, bajo el mandato de Francisco I, se mantiene abierto el expediente de santificación de G.K. Chesterton, un gigante de las letras y también de presencia física (media 1,93 centímetros y pesaba 130 kilos).

‘El hombre que no fue jueves’ (Literatura Random House, 2014), es la nueva obra del escritor colombiano Juan Esteban Costaín. Aunque el título sea una clara alusión a la famosa novela de Chesterton (‘El hombre que fue jueves’), su contenido encierra algo más profundo que un simple juego de palabras, pues el autor hace una disección ácida e ingeniosa, a momentos muy divertida, de los oscuros secretos de la jerarquía católica.

El libro de Constaín (no me atrevo a encasillarlo en el género de la novela aunque tenga muchos rasgos de esta y contenga una buena dosis de ficción), es en realidad un juego en el que el lector estará sometido a los caprichos y disquisiones del escritor que ha logrado empaquetar, como un colage de divertimentos y absurdos, el increíble proceso de canonización de un hombre común, extraordinario escritor y consumado fumador, que nunca se acercó en lo más mínimo a la santidad, pero que, gracias a los imponderables de la fe y a ciertos milagros terrenales, podría ingresar al santoral por la puerta de atrás.

ovela@elcomercio.org