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6 de November de 2012 00:01

Hay gente que tiene como manía hablar por teléfono. Gente que no sé porqué siempre tiene algo pendiente y recién lo finiquita, ya con un pie en el estribo, o desde el restaurante o desde un lugar que no parece el apropiado, porque en la mayoría de los casos están molestando a otro semejante. Porque, para algo se inventaron las cabinas telefónicas.

Es preciso advertir que el tema aunque se agravó infinitamente no comenzó con los teléfonos celulares; existe una época anterior.

Este caso de las salas VIP de los aeropuertos, por ejemplo. Una de las ventajas de estas, además de los bocaditos, sodas, refrescos, vinos, licores, diarios y revistas y lugares cómodos para hacer más agradable la espera, ofrecían la posibilidad de realizar llamadas telefónicas sin cargo, por lo menos locales. Y había que ver a aquellos que llegaban, como urgidos, como si fueran el WC, y se abalanzaban sobre los teléfonos y comenzaban con las recomendaciones que se suponía deberían haber hecho antes de salir de casa y a dar cuenta a medio país que se iban de viaje. Y a toda voz.

Pero uno siempre tenía la chance que ubicarse lejos de donde estaban los teléfonos, para poder leer, dormitar, o pensar tranquilo. Eso ya no es posible, se le instalan al lado, desenfundan y aunque uno no quiera ni le interese, se entera de todo.

Porque siempre es a viva voz. No sé, se me ocurre que así como existen los audífonos, habría que inventar una especie de bozal para proteger al entorno de esos vozarrones.

Con el cigarrillo era distinto. Primero había un porcentaje que tenía la cortesía de preguntarle: ¿le molesta si fumo? No conozco, en cambio, ningún caso de que a alguien le hayan consultado: “¿le molesta que hable por teléfono a su lado mientras usted lee o trata de dormir?

Hubo una época menos restrictiva (aclaro que no fumo), en que las salas tenían una zona para fumadores y otra para no fumadores y cada uno elegía.

Dividiendo las zonas uno puedo optar por no participar en conversaciones telefónicas que no tenía previstas en su agenda.

Claro que este no es un problema solo de las salas VIP. Pasa en los taxis, en los ferrocarriles, en los cines, en los teatros, ¿en dónde no pasa? ¿Cómo hacer?

¿Apagar el celular?

Uno queda desconectado con el mundo.

Lo que ocurre es que pasa en donde está permitido y también donde está prohibido. En donde no molesta y donde molesta. En donde no implica riesgo y donde es muy peligroso.

Parecería que la solución es muy simple: solo consiste en hacer cumplir las normas a rajatabla y que se amparen y hagan respetar los derechos de todos y cada uno.