11 de May de 2010 00:00

Histriones-Presidentes

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Carlos Alberto Montaner

Antanas Mockus, el candidato puntero en las próximas elecciones colombianas, es un hombre curioso. En lituano su nombre quiere decir Antonio Moisés. Antanas Mockus tiene más gancho. Posee fama de genio matemático y de funcionario honrado. Pasó gloriosamente por la Alcaldía de Bogotá un par de veces dejando un rastro de extravagante eficacia.

El problema es que en su rompecabezas personal hay otro inquietante fragmento para alguien que se propone como Presidente del país. Mockus, desde el punto de vista clínico, exhibe un trastorno de personalidad: es un histrión. Se retrata vestido de Superman; les enseñó el trasero a unos estudiantes que lo increpaban mientras decía un discurso en su condición de Rector; no sé por qué razones orinó públicamente en el césped de la universidad; y se casó en una pista de circo. Debe haber otros episodios parecidos, pero estos son los que más ha visitado la prensa.

¿Es preocupante tener un Presidente afectado de histrionismo? La psiquiatría norteamericana, que es la que dicta las pautas en estos asuntos, coloca el histrionismo como uno de los múltiples trastornos de la personalidad y lo trata con psicoterapia o con antidepresivos que controlan el flujo de la serotonina. Según los expertos, lo practican personas egoístas que poseen tenues pulsiones amorosas hacia el prójimo. Generalmente, seres carentes de mecanismos de inhibición, sin sentido del ridículo, dispuestas a llamar la atención a cualquier costo.

¿Por qué lo hacen? En realidad, no se sabe. Sencillamente, hay gente así. La historia es muy rica en histriones famosos. Salvador Dalí, el pintor, con sus bigotazos, su mirada de loco, enriquecieron por décadas las tertulias de todos los cafés europeos. Era un genio gracioso que se había convertido en un excéntrico profesional.

La pregunta obligada es si el histrionismo incapacita o no a quien lo practica para ejercer la presidencia. Me temo que sí. Una cosa es divertirnos y sonreír con un Oscar Wilde que da una conferencia con pantalón corto de terciopelo y un gladiolo en el ojal y otra muy distinta ver al Presidente de tu país pasando revista a las tropas con esa indumentaria. Al fin y al cabo, entre los 20 ejemplos que conocemos de grandes estadistas contemporáneos, desde Churchill hasta Mandela, pasando por Rómulo Betancourt u Óscar Arias, para también hablar de los nuestros, ninguno era un histrión.

Todos tenían el sentido del decoro que venía con la responsabilidad de mandar y representar a sus compatriotas.

En todo caso, Mockus no sería el primer presidente histriónico en la región. A esa tribu pertenecen personas ideológicamente muy diferentes, pero emparentadas en la patológica pasión por ser el foco de atención: Hugo Chávez y Fidel Castro son dos buenos (o malos ejemplos). Perón es otro.

Más que gobernar, los presidentes histriónicos actúan para la galería.

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