Patricio Quevedo

‘Historia’ de papel

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19 de December de 2012 10:33

Siempre ha impresionado el modo cómo Giovanni Papini describiera el pesebre donde el Niño Dios nació, en el más célebre libro del autor italiano, la ‘Historia de Cristo’, que cumple 91 años desde cuando se la presentara al público .

El polémico literato no sucumbió ante las ingenuas o pueriles descripciones. Al fin y al cabo, como lo han hecho notar algunos críticos, Papini era de parecida raigambre que San Agustín o un Blas Pascal y desde las primeras palabras, dejó ya muy en claro que “Jesús nació en un establo. Un establo, un auténtico establo. No el portal simpático y agradable que los pintores cristianos dispusieron para el Hijo de David, como avergonzados casi de que su Dios hubiese nacido en la miseria y en la porquería. No es tampoco el pesebre de escayola que la fantasía confiteril de los imagineros ha ideado en los tiempos modernos; el establo limpio y bonito, de lindos colores, con el pesebre aseadito y repulido, el boriquillo en éxtasis y el buey contrito; los ángeles encima del tejado con el festón que ondea al viento, las figuritas de los reyes con sus mantos y las de los pastores con sus capuchas, de hinojos a uno y otra lado del cobertizo… un establo, un auténtico establo, es una casa de las bestias que trabajan para el hombre”.

Este ‘tormentoso huracán’, Papini, nacido en 1881 y autodidacta, había ya pasado por las ásperas experiencias del futurismo, el positivismo, el pragmatismo y hasta el nihilismo, pero es bueno saber que luego de la abrumadora carnicería de la I Guerra Mundial, la ‘Historia de Cristo’ marcó el comienzo de la orientación de Papini hacia la fe católica. Otros libros vendrían y también lo más significativo de sus colaboraciones con la prensa, pero ya no abandonaría el vertebral compromiso y el puerto hasta donde tan fragorosamente había llegado.

Los pequeños capítulos del libro axial encuentran plenitud en el cuadro completo de la ‘Historia’. Es imposible no admitir que desde el Sermón la Montaña, se advierte una creciente intensidad dramática (“…Es el título más grande de la existencia de los hombres. De la presencia de los hombres en el infinito universo. La justificación de vivir. La patente de nuestra dignidad de seres provistos de alma…”); que después aumenta durante las estaciones: pasión, muerte y resurrección de Cristo. “Oración a Cristo”: “Estás aún todos los días entre nosotros. Y estarás con nosotros perpetuamente… Pero ha llegado el tiempo en que es fuerza te muestres de nuevo a todos nosotros y des una señal perentoria e irrecusable a esta generación… Pero nosotros los últimos, te esperamos todos los días. A pesar de nuestra indignidad y de todo lo imposible. Y todo el amor que podamos conseguir de nuestros corazones devastados, será para Ti, ¡Oh Crucificado!, que fuiste atormentado por amor nuestro y ahora nos atormentas con todo el poder de tu implacable amor”.

pquevedo@elcomercio.org