Enrique Ayala Mora

Historia e ingenuidad

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11 de May de 2012 00:01

El que se afirme algo en un documento no implica necesariamente la veracidad de la afirmación. “Hasta los policías más ingenuos saben que no se debe creer sin más a los testigos”, dice Marc Bloch. Y sugiere la aplicación rigurosa del “método crítico” en la historia.

Manuel Moreno Fraginals va más allá y sostiene que debemos tomar en cuenta el origen de clase de las fuentes: “Puede afirmarse que la casi totalidad de los documentos con que trabaja el historiador se originan en las clases sociales dominantes”. Y luego añade más adelante: “En este sentido, la mentalidad del historiador está condicionada por dos factores negativos: su formación desde la infancia dentro del cuerpo de doctrinas y mitos históricos burgueses, y una documentación que a través de un proceso de decantación y selección respalda plenamente a esa religión historiográfica”.

Estas afirmaciones no deben llevarnos a una suerte de determinismo histórico fatalista y a la idea de que no debemos fiarnos de ningún documento, periódico, libro, carta, video u otro material disponible, porque provienen de las clases dominantes. Son, en realidad, una seria advertencia. Se debe, por ello, manejar las fuentes con criticidad y lucidez, porque hay allí una visión ideológica y una postura comprometida con el poder. Pero en esas fuentes, aún en los documentos oficiales, se puede hallar pistas para conocer la verdad.

No debemos olvidar que las fuentes son, como la realidad, de naturaleza dialéctica, y encierran en ellas sus propias contradicciones. Mencionemos el caso, para citar uno, de aquellos libros de las haciendas esclavistas, en que sus administradores detallan sus esfuerzos para lograr mayor producción, pero revelan al mismo tiempo los mecanismos de explotación con todos sus detalles. Y al revisar, por ejemplo, la historia reciente de las dictaduras del Cono Sur, ¿no ha sido en actas y documentos de las propias instituciones dedicadas a la represión y la tortura que se han hallado pistas y pruebas de los testimonios que han permitido conocer los hechos y llevar a la justicia a los autores de crímenes contra la humanidad?

En la investigación histórica es preciso calificar las fuentes. Esto es, tratar de establecer su autenticidad, su procedencia, la credibilidad de quien las produjo y cotejarlas con otras. Hay que saber buscar y no ser ingenuos.

Todo esto lo recuerdo ahora, porque nos aprestamos a una campaña electoral en que, al parecer, uno de los elementos de debate será nuestra historia y algunos de sus personajes.

Sería una verdadera lástima que cuando hemos avanzado en el camino de una visión más crítica de nuestro pasado, entre cadenas nacionales y escritores bien pagados nos hagan retroceder a los tiempos de verdades oficiales y juicios históricos dominados por la necesidad política coyuntural.