Diego Ordoñez

‘Soy la hija del Coronel…’

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…les grita una bravucona conductora ebria mientras enciende un cigarrillo y les manda meterse por el fundamento la autoridad a un par de policías que atemorizados dejan ir a la beoda, por la amenaza que su papá, o sea el coronel, les aplique a ellos el peso de la ley de la impunidad.

Alegórico el video que circula en redes sociales. La mujer casi no puede sostenerse en pies; tambalea y propina una feroz evidencia de que el privilegio de un puesto con influencia anula el sentido de responsabilidad, la falsaria igualdad ante la ley y el valor de la idealización mítica de “autoridad” que venden los dueños de la autoridad.

Usuales estos atropellos. Del influyente que se sustrae al efecto de leyes que se aplican a los que no tiene un coronel entre sus parientes. El insolente que prevalido de su inmunidad agrede a vecinos y transeúntes con megaparlantes que expiden un sonido vulgar y estridente. El burócrata que escondido tras vidrios ennegrecidos y anónimo transita en un vehículo sin placas y circula en carriles de uso exclusivo de transporte público. El violador que no ha pisado cárcel y mora hospitalizado eternamente enfermo, seguramente para que su encumbrado hijo duerma en paz. El violador que tiene tíos y abuela influyentes protegido en una embajada. El gobernante que patrimonializa dinero y bienes públicos y los usa con la liberalidad de dueño.

Se ha acendrado en la cultura la certidumbre que la administración de la ley, en todas las formas que hace el Estado y en toda clase de oficina pública, desde ministerios a juzgados, no es más que un juego de influencias. Por eso, los culpables se escudan en que sus culpas judicializadas no son tales, sino resultado de persecución de quien en ese momento tiene la influencia y el poder. Y en casos puede ser cierto. La clave para saber quién es culpable no está en las evidencias; sino en quién controla los jueces y los resortes de los espacios de poder.
Esto es a lo que llama desinstitucionalización y anomia. Normas y autoridades que no igualan a los contendientes, sino sucumben a las influencias o al peso del poder.

¿Algún medio de comunicación no gobiernista duda que al ingresar su caso a la comisaría de información alguna sanción recibirá? ¿Tiene alguien duda que cualquier causa de interés gubernamental tendrá sentencia a favor en alguna instancia judicial? Y no es porque tenga la razón, sino porque tiene la influencia y el poder. Lo que tampoco es nuevo. Ha sucedido en el pasado. De allí la denominación de dueño del país o cosa similar.

Por esto es que inversionistas miran con desconfianza y aquellos que intentan arriesgar dinero en el país condicionan a jurisdicciones extranjeras la solución de conflictos. Por esto el caos institucional que habilita al más vivo.Y aquí una oportunidad de acuerdo político entre sectores que aspiran a algún espacio de poder. El juramento de tener instituciones que administren la ley, con la imperfección del entendimiento humano,pero sin que respondan a manipulación, influencia o corrupción.