Enrique Echeverría

Herencia y plusvalía

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El Gobierno está apresurado por dinero. Lo pretende obtener mediante préstamos, aun pagando tasas de interés elevadas. Ocupa dinero de los maestros llevándolo al IESS, que ya conocemos cómo opera en préstamos a cambio de bonos.

Contando, como cuenta, con el respaldo de legisladores quienes, por boca de una Vicepresidenta de la Asamblea, admiten que son sumisos, le ha puesto ojo a las herencias y a los bienes raíces que, en determinadas circunstancias, deben pagar impuesto de plusvalía.

En este asunto me defino neutral, pues no tengo bienes materiales para dejar en herencia a los hijos; aunque si los tuviese me gustaría dejarlos a ellos y no, en buena parte, al Municipio y al Gobierno. ¡Así, nadie sabe
para quién trabaja!

Pero la materialidad de este asunto se debe tal vez a que los legisladores miembros del alto poder político del país son personas jóvenes o de edad madura, que no tienen idea de lo que significan los sentimientos de los viejos respecto de su familia. Si el esfuerzo de una vida no va a servir para su centro de afectos y de responsabilidades, como son sus miembros de familia, ¿para qué ningún esfuerzo, ni ahorro alguno? Propósitos de superación y de éxito entran en crisis.

Los jóvenes no entienden que, junto con la vejez, llega también la enfermedad y la persona debe tener algún patrimonio para combatirla, ya que los servicios gratuitos que ofrecen los institutos públicos y el Seguro Social, ­aparte de ser difíciles, no siempre son efectivos y acertados.

El Estado, actualmente, ya es heredero, cuando sin testamento quedan bienes de cuyo dueño no hay hijos, hermanos, padres o sobrinos. En este último caso, los bienes van para el Estado, porque así dispone el Código Civil.

Plusvalía. Se adquirió un terreno en Tumbaco. Por el paso de los años, cuesta más. Por ese bien se paga impuesto predial; y, además, Tasa de Seguridad Ciudadana, Contribución Especial de Mejoras y para Obras del Distrito. Es una plusvalía disfrazada. Si se vende ese terreno, por la diferencia entre el valor de compra y el de la venta actual, se origina el impuesto de plusvalía, con su verdadero nombre.

Que los encargados de aprobar leyes, cuyos textos llegan a sus manos elaborados por expertos gubernamentales, mediten en los nuevos impuestos a la herencia y a la plusvalía. La dependencia política, en el extremo grado de la sumisión, no puede ni debe justificar que se prive a los ciudadanos de sus derechos actuales.

Peor si el nuevo impuesto a la herencia cumple lo que advierte el Dr. Wilson Ruales, experto en temas tributarios y ex alto funcionario del Servicio de Rentas Internas: “Si en la actualidad la tarifa es 0 para las herencias de alrededor de los USD 68 000, la nueva propuesta va a afectar especialmente a niveles de ingreso bajo, a la clase media”. ¡La clase media, no los ricos!

eecheverria@elcomercio.org