Antonio Rodríguez Vicéns

Los herederos de Marx

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Marx murió en Londres, en el dormitorio de su casa de Maitland Park Road, sin sufrimientos, pacíficamente, solo y sentado en su sillón, “vistiendo una bata y a la vera de la lumbre”, aproximadamente a las tres de la tarde del miércoles 14 de marzo de 1883, a la edad de sesenta y cinco años. El funeral se celebró en la tarde del sábado, en el cementerio de Highgate.

Estuvieron presentes muy pocas personas. Hablaron Wilhelm Liebknetch, Paul Lafarque, su yerno, y Friedrich Engels. En su discurso, Engels, con tono grandilocuente, inició la labor de deformación de la verdad y de creación del mito. Lo calificó como “el mayor pensador que había en el mundo”. Le sobrevieron tres hijos: Laura, Eleanor y Frederick Demuth.
Después de la muerte de su padre, la vida de la hija menor, Eleanor, una joven con “una frente ancha y baja, ojos negros y brillantes, mejillas encendidas y sonrisa viva e irónica”, fue trágica. Estuvo sometida al dominio humillante, despótico y brutal de su amante, Edward Aveling, un hombre cruel y despreciable, cínico y sin escrúpulos. El 31 de marzo de 1898, supuestamente de acuerdo, resolvieron suicidarse. Enviaron a una criada a solicitar en la farmacia “ácido prúsico para el perro”. Eleanor, preparándose para morir, se puso un vestido blanco. Tomó el veneno. Robert Payne, en su excelente biografía de Marx, describe así el fin de la escena: mientras ella agonizaba, Aveling “se levantó, se vistió y abandonó la casa”.

Laura tenía unos “bonitos ojos verdes, el cabello castaño rojizo oscuro y el cutis sonrosado”. Estuvo casada, desde abril de 1868, con Paul Lafarque, destacado socialista francés, a quien Marx, con su conocida tendencia a denigrar, llamó “incurable idiota” y definió, por sus ancestros cubanos, como “descendiente de un gorila” y “horrible cicatriz de la tribu negra”. En sus últimos años vivieron aislados en Draveil, una “pequeña población de las afueras de París”. Entre sus escasos y ocasionales visitantes estuvieron Lenin y Nadezhda Krupskaya. En noviembre de 1911, convencidos de que habían perdido sus fuerzas físicas y habían disminuido sus facultades intelectuales, de común acuerdo, se suicidaron juntos.

Helene Demuth, una campesina alemana, fue heredada por Jenny von Westphalen, la mujer de Marx, de su madre. Estuvo al servicio de los Marx, como criada, cerca de cuarenta años. Nunca, en una demostración práctica de la teoría de la plusvalía, le pagaron un sueldo. En una de las épocas más dolorosas para la familia, con angustias y penurias económicas, Marx la convirtió en su amante. El 23 de junio de 1851 nació Frederick Demuth. Lo entregaron al cuidado de otra familia. Marx jamás lo reconoció ni se preocupó por él. Frederick pasó toda su vida en Londres. Fue un obrero muy hábil. “Era un hombrecito pulcro y gallardo, con ojos azul vivo y un espeso bigote”. Murió el 28 de enero de 1929. No supo quién fue su padre.

arodriguez@elcomercio.org