Milagros Aguirre

Halloween

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Parece que la política está volviendo una historia de terror. Como una montaña de arena, el poder se escapa entre los dedos de quienes han estado al frente del país los últimos diez años. En seis meses se ha destapado una caja de Pandora de la cual han salido sapos y culebras venenosas y más de 600 obras que presentan irregularidades y problemas, negociados, peculados, contusiones y cohechos, glosas, malversaciones, timos, abusos de poder, palanqueos, coimas, influencias. Muchos de los hechos de corrupción que hoy se hacen públicos, ya habían sido anotados por la prensa a la que se desacreditó una y otra vez, llamándola corrupta, corrupta, corrupta, hasta el hartazgo. Ninguno de los que ahora se llena la boca con la palabra ética, dijo nada durante diez años. Mantuvieron un silencio. Un silencio cómplice. No escucharon. No sabían. Nunca se enteraron. Siempre viendo para otra parte e ignorando las alertas. Yo no fui, fue Teté.

Su movimiento político se fragmenta y parece que se va a caer a pedazos. Se amenazan. Se amedrentan. Se espían. Se delatan. Les llegan mensajes intimidatorios e insultos. Y empiezan a sentir lo que sentían quienes contrariaban al poder unos años antes: miedo.

Mientras, las viudas arpías de la revolución lloran al gran ausente y piden a gritos que regrese. Lo quieren cerca, dirigiendo los destinos de la nación, por siempre, como si le debieran, además de la fortuna, la vida.

Un bando ahora toma de su propia medicina: se queja de persecución política, de linchamiento mediático, acude a la CNN a la que odiaron o a la CIDH a la que ningunearon sistemáticamente.

Otro bando habla de ética. Sí. De ética. Como si conocieran esa palabra. Como si los funcionarios encarcelados no hubieran salido de la misma matriz. Como si los Capayas, Capacos, Pólit y demás fueran ilustres desconocidos. Como si no hubieran bebido de la misma fuente de poder. Como si no hubieran mordido pasteles, asistido a fiestas con karaoke de esas que se celebraban en el Palacio de Gobierno.

Dos caras de la misma moneda. Pero la misma moneda al fin.

Hasta tanto, la mal llamada oposición, mira impávida, la película, de capítulo en capítulo, el terrible drama del poder y se frota las manos pues no ha tenido que mover un dedo para que, de la noche a la mañana, los verdugos se hayan vuelto víctimas. Las víctimas se hayan convertido en verdugos, los amigos se hayan vuelto enemigos como por arte de magia. Los capítulos que vienen serán interesantes, tal vez, dignos de aplauso: ahora se despellejarán, se sacarán los ojos, lavarán sus trapos sucios en público, se comerán vivos y, como el alacrán, terminarán inyectándose su propio veneno. Historias propicias para estas fechas, de brujas, difuntos, cuentos de miedo y calosfríos.