Alejandro Ribadeneira

Hábitat puso a Quito en estrés

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Hoy se acaba Hábitat III, ciclo de conferencias de la ONU que puso a Quito en un estrés intenso.

Es que esta colección de ponencias fue tan grande, tan abarcadora, tan detalladamente segmentada, que la ciudad quedó no solo estrecha sino enana ante el enjambre de actividades, charlas, eventos, exposiciones y actos sobre una meta loable: pactar un camino universal para que la humanidad construya ciudades en que todos vivamos en paz, con servicios, con democracia y con absoluto respeto al ambiente.

Resultó irónico que un evento que promulga la movilidad se haya realizado en una ciudad que se caotiza cuando hay un accidente o una marcha, ¡no se diga con los bloqueos para Hábitat! Y también fue contradictorio que una cita que ha promulgado insistentemente diversas formas de inclusión se haya desarrollado en medio de largas filas de gente ansiosa por asistir a las conferencias, bajo un exagerado sistema de seguridad, más propio de un campo militar de Mosul. Eso desanimó a muchos.

En todo caso, Hábitat III resultó un éxito innegable de convocatoria, reflejo de que la sociedad tiene eso justamente, ansias de expresar cómo piensa la ciudad, cómo siente que se debe vivir en el futuro. Hay tanta sed de conversar de esto, tantas ganas de visibilizarse, que se armaron eventos paralelos en universidades e instituciones, e incluso actos “alternativos”, para los que practican el deporte de quejarse de todo.

Esto es un triunfo por sí solo, más allá de que en lo simbólico Quito y la Declaración que hoy se firma será mencionada durante muchos años, y del hecho material de que se aprovechó para rescatar al venerable edificio de la Casa de la Cultura (que no es lo mismo que rescatar a la Casa, pero bueno), de que se proclamó un plan para ahora sí difundir el ciclismo como medio de transporte y que se hizo una promoción turística del país.

En cambio, también quedó en evidencia la crisis de movilidad que tenemos: asistir a los hermosos eventos del Centro fue muy difícil.