Marcelo Ortiz

Gustavo Adolfo Otero

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2 de July de 2013 00:02

Ahora que la Ley de Comunicación vigente, como prioridad de Gobierno, determina que quien trabaje como periodista debe tener título profesional, es necesario destacar la creación de la primera Escuela de Periodismo. Fue en la Facultad de Filosofía de la Universidad Central a fines de la década de 1940 siendo Decano ese ilustre exsenador por la educación, Emilio Uzcátegui. En ella ejerció la Dirección José Alfredo Llerena, jefe de Redacción del diario EL COMERCIO, y uno de los ilustres profesores de esa Facultad era Gustavo Adolfo Otero, quien se radicó en Quito después de ejercer como Embajador de Bolivia en el Ecuador. Antes había ejercido esas mismas funciones en Roma, en Madrid y en Barcelona, por más de una década.

Hace 55 años, en junio de 1958 murió en Quito. Sus cenizas reposan en una cripta olvidada de la Iglesia de San Francisco. Una corta calle cercana a la Av. Occidental -sector El Bosque- lleva su nombre, que al igual que muchísimos nombres de la nomenclatura de Quito son únicamente eso, una guía para ubicar un domicilio. Fui su amigo-estudiante de periodismo, que aprovechó su sabiduría, fuera del aula, en algunas caminatas de fin de semana en el parque El Ejido, cerca de su modesto domicilio. Como maestro de vocación, sin título, decía que hay que completar los estudios con la lectura de libros inherentes y en tres fases: exploratoria, analítica-selectiva y crítica. Al final se crean las ideas.

Vivía al final de la calle Tarqui en una casa modesta llena de centenares de libros entre los que estaban una docena de su autoría como Genio y carácter del indio cuya 2ª. edición hecha en La Paz-Bolivia fue en 1954, a los 20 años de la 1ª. La piedra mágica, Estampas Bolivianas y la Vida Social de Coloniaje. Desconozco si, Evo Morales, actual presidente indígena o su entorno de poder han hecho homenaje al autor de aquellas ideas. A la muerte de Otero, la prensa ecuatoriana, especialmente EL COMERCIO editorializó así: "El escritor que se aleja"- Gran intelectual hizo de este país su segunda patria y le dio mucho de su saber en libros y en la cátedra. No era un extranjero más que se instala en Quito, retenido por la magia del clima o por la suavidad intimista de una vida colectiva sin esquinas y sin dificultades. Su figura familiar ya no aparecerá por las calles soleadas o grises. Su gesto desencantado, propio de los que están de vuelta de todos los caminos ya no iluminará sus conversaciones amenas e instructivas...". El columnista Augusto Arias, dijo de él: "Decoró las funciones de la diplomacia, y como hombre de letras supo que el libro y el artículo son los más ágiles medios de comunicación en nuestros países".

Así, en plena democracia existió esa primera Escuela de Periodismo hace más de 65 años, ahora hay muchas, necesarias en toda democracia. Tampoco hicieron falta leyes de comunicación, siempre estuvieron en el Código Penal los delitos de prensa.