Rodrigo Fierro

La guerra perdida

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Debe haber estudios que tratan de explicar el porqué la sociedad paraguaya es bilingüe en su gran mayoría, pues habla español y guaraní, si bien es cierto que el idioma nativo se mantiene mucho más a nivel familiar. Es más dulce que el español, me decía un amigo de Asunción. No suena igual ‘Qué señor tan simpático’ que ‘Ay que che carai’.

Lo cierto es que el bilingüismo, significativo, no se dio en el inmenso espacio que ocupó el Imperio de los Incas, cuyo idioma oficial era el quechua, en el Sur, o quichua, en el Norte. Las sociedades mestizas que iban conformándose pensaban y se comunicaban en español, conforme el ‘runa simi’ batía en retirada. Caben ensayos al respecto.

Fue grande el prestigio que todo lo español tenía en la región andina. No podía ser en otra forma: fueron los venidos de allende los mares, muy pocos la verdad, quienes vencieron, humillaron y ofendieron hasta no más a los ‘hijos del sol’, la clase gobernante. Una política de Estado si se pretendía conquistar el Tahuantinsuyo. A las altivas y soberbias princesas de la familia real se las llevó a tal grado de desamparo y humillación que se vieron obligadas a emparejarse con la plebe de la soldadesca española. Las desventuradas mujeres del incario soñaban con tener un hijo mestizo. Se emputecieron, según Huamán Poma de Ayala. El mestizo subía de escala social en tanto cuanto tratara por todos los medios tratara de parecerse a su padre; ni se le ocurría hablar en quichua y lo hacía en español que le iba muy bien. Es así como nuestras sociedades fueron conformándose: mestizos los más, hispanoparlantes la inmensa mayoría. Con el Dr. Espejo, mestizo por los cuatro costados se produjo un portento: hombre de la Ilustración, culto, fue autor de libros tanto en humanidades como en ciencias, desde luego que en español. Con el Dr. Espejo el mito de la superioridad ibérica quedó hecho pedazos. El idioma español ha sido para cientos de millones de nosotros la fuente de la eterna juventud.

El español ha llegado a ser tan nuestro, como que es uno de los términos que definen nuestra identidad. Nuestra identidad nada tiene que ver con el quichua. Tiene y mucho de los genes del ancestro aborigen.

Nadie quiere estudiar en quichua o aprender quichua. Que se les pregunte a los miles de indios o mestizos aindiados que han pasado por las universidades del país. Guerra perdida eso de una campaña masiva para enseñar el quichua, comenzando porque tal imposición no cuenta con el número de profesores que se requeriría. A propósito ¿cuál será la situación de la universidad que fundó el Dr. Macas cuyo idioma obligado sería al quichua? Fue creada justo en Saraguro, en donde casi nadie quiere saber nada de ese idioma. Una guerra perdida, digo yo. Debo confesar que me hubiera encantado que los andinos formáramos una gran nación bilingüe.

rfierro@elcomercio.org