Carlos Larreategui

La guerra de los bonos

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24 de October de 2012 00:00

Durante décadas el Ecuador ha basado su economía en un modelo rentista y mercantilista que permite al Gobierno elegir “a dedo” a los ganadores y perdedores de la actividad productiva. Se despoja al ciudadano de la capacidad de seleccionar los mejores productos y servicios y se asfixia la libertad económica mediante privilegios que cobran forma de protecciones arancelarias, ausencia de regulación de los mercados y barreras infranqueables para el ingreso de nuevos actores a ciertas actividades productivas. Un esquema que permite a los gobiernos, sobre todo a los de tinte populista, someter a grandes grupos económicos bajo un mecanismo de premios y castigos.

El gobierno de Alianza País ha llevado este modelo a niveles superlativos gracias a las rentas petroleras y a la creciente dependencia que han generado en muchos sectores de la economía. Los grandes grupos económicos ligados al consumo y al gasto público han aprovechado como nunca este alud de petrodólares. La clave para engordar la cuenta de resultados, sin embargo, ha sido un apoyo implícito al Régimen y un silencio que muchos calificarían de irresponsabilidad histórica y cobardía. Bajo el falaz argumento de que la política corresponde a los políticos y que su campo son los negocios, las grandes élites empresariales se han hecho de la vista gorda frente a la demolición institucional y a la pulverización de libertades económicas y políticas.

La reciente guerra de los bonos desatada por diferentes actores políticos ha puesto en evidencia algunos rasgos del modelo en cuestión. La candidatura del ex banquero Guillermo Lasso ha sido percibida como una insubordinación intolerable a un Gobierno que considera que sus políticas fiscales han beneficiado enormemente al sector financiero. El escarmiento, entonces, pasa por extraer las utilidades realizadas por la banca en el 2011 y destinarlas a financiar el incremento del bono de desarrollo humano en plena campaña electoral. Con ello, se imparte una clara lección a la banca y otros grandes grupos económicos: la sumisión y el silencio son el precio de una billetera gorda.

La historia demuestra hasta la saciedad que los modelos rentistas y populistas, tarde o temprano, agotan las arcas nacionales y se ven compelidos a intervenir en el sector privado en un intento por suplir las rentas que permiten sostener su esquema. Las opciones son siempre las mismas: estatizaciones y exacciones que a su vez aceleran el círculo vicioso de empobrecimiento y conflicto. Las propuestas de elevar el bono y someter la estatización de la banca a consulta popular son acciones peligrosas que refuerzan el modelo rentista y populista mencionado. Las voces de oposición deberían recuperar la serenidad y abogar por la institucionalización política y económica de la Nación.