Alfredo Negrete

Guayaquil en la ruleta

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Todos los cantones y provincias del país se afectarán por un “divortium aquarum”, a partir de las cinco de la tarde del próximo 4 de febrero: la consulta y sus efectos, por un lado, las elecciones regionales del 2019, por el otro.

En una república que no tiene las elecciones nacionales de medio tiempo –que constituye una oxigenación en las naciones democráticas- las regionales cumplen este papel de relevo, aunque en niveles restringidos.

El caso de Guayaquil es relevante y excepcional en el ámbito político. Ha sido la cuna y el sepulcro de múltiples partidos y movimientos que tuvieron un importante eco a nivel nacional. Hoy, sin tener esa antigua significación, siguen manteniendo una importancia relativa por su representación parlamentaria; sin embargo, por efectos de la no reelección y otras causas son inexistentes los candidatos Iluminados que “arrasen” electoralmente como antaño.

Arriesgando las hipótesis se considera que hay tres grandes conjuntos y la expectativa por un cuarto que competirán para los próximos comicios regionales en Guayaquil: el Partido Social Cristiano en coalición con el movimiento Madera de Guerrero, Creo y el partido o coalición que represente al gobierno del presidente Lenín Moreno. No se descarta un cuarto, cuyo nacimiento, directa o indirectamente, estará amparado en la coalición gubernamental. Estos suelen expertos en la movilización y control electoral que en el Guayas son fundamentales.

Es posible que estos comicios sean más complejos que una elección parlamentaria por, la elección por distritos pues la tendencia a la fragmentación podrá ser mayor; por ende, la gobernabilidad desde los concejos tenderá a neutralizar al gobierno de un alcalde o de un prefecto. Parecido al cabildo quiteño.

La situación de Guayaquil y sus zonas de influencia puede llegar a ser grave si no se consolida una coalición entre el gobierno central y un fuerte sector guayasense que deberá transcender a las elecciones regionales y llegar hasta las presidenciales y legislativas.

La situación es difícil pues en el escenario no se vislumbra un líder ni un movimiento predominante; además desde las corporaciones privadas -antes gravitantes gestores- no existen expectativas mayores ni cuadros en formación. Si el margen del triunfo del sí es considerable, es posible especular que el presidente Moreno, se convierta en un líder nacional: se deshace de un vicepresidente impuesto, derrota a Correa y gana la consulta. Se completaría el cuadro con dos cambios más estratégicos (¿o esperados?) en el gabinete. Entonces se podrá repetir como en Ayacucho (1824): “armas a discreción, paso de vencedores…”. Ojalá se disponga de aquel esclavo que sosteniendo la corona de laureles de los victoriosos generales romanos a la entrada de la ciudad le susurraban: “eres mortal…’.

anegrete@elcomercio.org