25 de July de 2013 00:02

Un grotesco traspié para Cristina Kirchner

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Fernando Laborda

La decisión de Cristina de Fernández de Kirchner de pedirle a su bloque de senadores que deje sin efecto el tratamiento de los pliegos de ascensos de los jefes militares, tras el escándalo derivado de las denuncias contra el jefe del Ejército, general César Milani, sólo puede interpretarse como un grotesco traspié para la Primera Mandataria y el relato oficial.

Por falta de un adecuado asesoramiento acerca del currículum de Milani o bien por la aplicación de un criterio asimétrico a la hora de ponderar los antecedentes de unos y otros para aplicar los ascensos militares, la Presidenta ha sufrido y probablemente seguirá sufriendo un desgaste político por la designación del comandante del Ejército, al tiempo que continuará siendo corrida desde la izquierda.

Si Cristina Kirchner confirma a Milani en la conducción de la fuerza hasta que la Justicia avance contra él, quedaría en evidencia la arbitrariedad con que el kirchnerismo viene actuando a la hora de definir ascensos en las Fuerzas Armadas.

C abe recordar, al respecto, que en los últimos años no pocos oficiales jóvenes, que prestaron servicios exclusivamente durante el período democrático, han visto frustradas sus carreras al rechazarse sus ascensos por el mero hecho de tener parientes directos que mucho antes revistaron en cuarteles sindicados como parte del esquema militar que reprimió a la guerrilla en los años setenta. Se les impuso así una suerte de delito genético por portación de apellido, que contraviene hasta el dogma de la Revolución de Mayo, que sostuvo que el crimen de un individuo no puede trascender a sus parientes. Concretamente, el primer Gobierno patrio, en septiembre de 1810, decidió promover en la carrera militar al patriota Tomás de Allende, pese a que su tío, el coronel Santiago de Allende, había sido fusilado tras su activa participación en la resistencia armada que se había sublevado en Córdoba.

¿Puede discriminarse a oficiales jóvenes con fojas de servicio meritorias e intachables, mientras se promueve a alguien sospechado de alguna grave violación a los derechos humanos que, además, participó de alzamientos carapintadas y registra un dudoso crecimiento patrimonial? ¿Cómo puede afectar la legitimidad y la credibilidad de la Presidenta el mantenimiento del general Milani al frente del Ejército, después del giro que derivó en el contundente informe del Centro de Estudios Legales y Sociales? No pocos analistas creen que, como de costumbre, Cristina Kirchner doblará la apuesta y conservará a Milani en el cargo, aun cuando haya quedado desprestigiado y sin acuerdo para su ascenso a teniente general. Pero terminará arrastrando el conflicto y prolongando el problema. Se arriesgará a que la sigan corriendo por izquierda a lo largo de toda la campaña electoral.

No pocos analistas creen que, como de costumbre, Cristina Kirchner doblará la apuesta y conservará a Milani en el cargo.

Ni la cuestión de los derechos humanos en los años setenta ni mucho menos los problemas en las Fuerzas Armadas constituyen una preocupación central en la agenda de la opinión pública. No quiere decir esto que esos temas no sean relevantes. Pero difícilmente definan una elección o generen importantes corrientes de opinión capaces de influir en el voto.

Cristina Kirchner lo sabe y, talvez por eso, apueste a diferir la discusión sobre Milani hasta después de las elecciones de octubre. Aun cuando tenga que asimilar nuevos golpes a su cada vez más deshilachado relato.

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