Milton Luna

Graduación

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12 de julio de 2014 00:00

El Rector toma la palabra: “Chicos y chicas, hoy no solo es un día de celebración por la culminación de sus estudios de bachillerato.

Es un momento de alegría y de cosecha de tantos esfuerzos, malas noches y angustias, pero no solo de ustedes, sino también de sus padres y madres y de sus abuelitos que siempre acompañaron en todo este camino.

Es un día de recuerdo y nostalgia de tantas transiciones y descubrimientos, del cuerpo y de los sentimientos, decepciones, pasiones y primeros amores vividos en estos años.

Pero este día es más que eso. Es un momento de adioses. Adiós al Colegio y a sus profesores. Adiós a sus compañeros que tomarán su propia ruta. Es un tiempo de quiebre y de ruptura.

Llegó la hora de dejar de ser adolescente para dar un paso importante hacia la construcción de uno los bienes más preciados del ser humano, la autonomía. Ya puedes volar, pues vuela.

Por tu cuenta y convicción decide tu futuro, tu carrera, tu vida. Adopta tus propias decisiones. Eso te hace persona. Equivócate, pero levántate, sigue adelante, ya que siempre tendrás el apoyo de tus padres.

Ha llegado la hora ejercer con más fuerza la libertad. La libertad de pensar, de expresarte, de construirte. Tu cuerpo, tu pensamiento, tus deseos, tu futuro son tuyos. Eres el constructor de ti mismo. Pero esa libertad va de la mano con la responsabilidad, con uno mismo, con tu familia, con la sociedad y con la naturaleza.

Entonces la construcción de uno mismo, no es un ejercicio narcisista o egocéntrico. Es un ejercicio de vital contacto, crítico y autocrítico, pero sobre todo respetuoso con lo familiar, lo social y lo comunitario. De esta forma, la libertad cobra su verdadero sentido trascendente cuando se funde con la fraternidad, con la solidaridad, con la reciprocidad y el bien común.

Dejemos de creernos del centro del mundo y aceptemos humildemente que somos parte de la naturaleza y uno más de la sociedad. Somos iguales y diferentes respecto a los otros, que no son nuestros enemigos, sino nuestros hermanos o compañeros de camino.

Pero dejar de ser adolescente, no debería significar dejar de lado lo más preciado de la niñez, esas capacidades extraordinarias que todos los niños y niñas tienen a flor de piel: la alegría, la espontaneidad, la pureza, el amor incondicional y la imaginación.

Hoy cuando crecen el dogmatismo, la corrupción y el oportunismo, hacen falta legiones de nuevos ciudadanos y ciudadanas, hijos e hijas, independientes, demócratas, libres, bien formados, éticos y generosos, pletóricos de sueños y esperanzas.

Ustedes, chicos y chicas, sin dejar de ser niños, tienen la libertad de ser parte de esas legiones que tanto necesita el país y la Tierra.  Frente a tanta energía positiva, el Estado está obligado a abrirles todas las puertas”, concluye el Rector.