Juan Valdano

Goya y los esperpentos

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19 de junio de 2014 20:07

Los ojos curiosos del espectador son atraídos por uno de los cuadros en pequeño formato que cuelgan de las paredes del Museo Lázaro Galdiano: este que titula “Aquelarre”.

La imagen de un gran buco negro y cornudo domina la tela. Es una escena de brujería en una noche lunada: un grupo de hechiceras ofrecen al demonio, en la figura de cabrón, los cuerpos sin vida de tiernos niños para que sean devorados. El pintor: Francisco de Goya quien recrea aquí uno de los ritos demoníacos que ocurrieron en Logroño en 1610 y cuyos oficiantes ardieron en las piras de la Inquisición.

Goya fue un hombre integrado al espíritu del siglo de las luces. Contertulio de un selecto grupo de ilustrados españoles: Moratín y Jovellanos, entre otros. La fe en la razón, la tolerancia, la libertad del hombre fueron parte de sus principios. Sus “Caprichos” y sus pinturas negras expresan una visión crítica y esperpéntica del mundo que le tocó vivir: la España decadente de Carlos IV. Su intención satírica se expresa en esa preferencia por lo grotesco, feo, deforme, famélico, tullido y bestial de las figuras. Escenas de brujería, cortejo y matrimonio, seguidas de otras de prostitución, hipocresía, ignorancia, vanidad y ociosidad de la nobleza. A través de este espejo deformante de la realidad, Goya devela los mecanismos de la farsa que determina la conducta humana. Su intención era despertar las conciencias, liberarlas de la oscuridad, la superstición, la ignorancia, la fatuidad y tiranías dogmáticas.

Finales del siglo XIX, generación del 98: Ramón del Valle-Inclán, otro español, el escritor que dio forma al esperpento literario. El DRAE trae la siguiente definición: «Esperpento: Hecho grotesco o desatinado. Género literario en el que se deforma la realidad, recargando sus rasgos grotescos… Persona o cosa notable por su fealdad, desaliño o mala traza.» Con la narrativa y dramaturgia valleinclanesca el esperpento halló su forma propia, su perfil literario. La técnica del esperpento utilizada de manera sistemática por Valle-Inclán equivale al espontáneo estilo de Goya. El esperpento está siempre entre el desamparo y el disparate. Según el autor de “Luces de Bohemia”, “los héroes clásicos reflejados en espejos cóncavos dan el esperpento. El sentido trágico de la vida española solo puede darse con una estética sistemáticamente deformada. España es una deformación grotesca de la civilización europea”.

En el siglo XVII el esperpento ya fue celebrado como legítima manifestación del barroco: la Maritornes de Cervantes; el soneto “A una nariz” y el retrato del licenciado Cabra en “El buscón”, obras de Francisco de Quevedo; las efigies de enanos y bufones pintados por Diego Velázquez. Todo parece indicar que el esperpento es parte de la experiencia celtibera. Como dijo Pedro Salinas: “Un desesperado modo literario de sentir lo español”.

jvaldano@elcomercio.org