Gonzalo Ruiz

Campaña en pausa obligada

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Cuando todo hacía pensar que mayo y junio serían claves para el calentamiento de motores hacia la presidencial 2017, el sismo sacudió todo.

El desconcierto se apoderó del Gobierno y la oposición se refugió en el silencio. Los partidarios de unas y otras fuerzas se empeñaron, eso sí, en desplegar acciones de ayuda solidaria y, pese a ciertos intentos de apropiarse del teatro de operaciones, los damnificados son lo suficientemente sabios como para discriminar: recibir la ayuda pero disponerse a elegir con libertad plena y sin ruido cuando llegue el día.

El movimiento oficialista acaba de anunciar la postergación de sus deliberaciones y debe recordar que la idea es hacer elecciones internas, como debe ocurrir con otras fuerzas y partidos políticos.

Con la pausa debida, salvo alguna esporádica aparición en las zonas de desastre, Guillermo Lasso ostenta la candidatura más sostenida, aún desde el año siguiente de la presidencial de 2013. Trabaja, organiza, abre la baraja de CREO - su movimiento- hacia otras fuerzas en Compromiso Ecuador, con las que batalló para la consulta popular que debía hacerse para definir si los ecuatorianos querían que el Presidente vaya a la reelección. Le cerraron el paso.

Tal vez a Lasso las circunstancias económicas le favorezcan. Aunque sus detractores se empeñen en ponerle en la frente el estigma de banquero, su actividad legítima que nunca ha negado, acaso ahora, en tiempos de evidente descalabro de la economía se convierta en un valor de quien sabe manejar los números y las finanzas con un orden que el ciclo de derroche desdeñó.

Por otro lado se muestra el trabajo de la Unidad. Allí están vertientes políticas e ideológicas distintas solo movidas por la realidad de oponerse a Correa y forjar una alternativa a los candidatos de Gobierno.

El histórico Partido Social Cristiano, de Nebot; Suma, del alcalde Rodas; el partido Avanza, de Ramiro González y Podemos, que busca su inscripción y lidera Paúl Carrasco, buscan un candidato apropiado para ganar el solio o al menos apuntalar los bloques parlamentarios del futuro.

La izquierda conformó el Acuerdo Nacional por el Cambio. Clara oposición. Allí están María Paula Romo, César Montúfar y su Concertación, Alberto Acosta, expresidenciable de la Unidad de la Izquierda; Unidad Popular( ex MPD), de Natasha Rojas, Pachakutik que propone a Lourdes Tibán y la facción del socialismo de Enrique Ayala, que exhibe su prestigio académico, y Paco Moncayo, con su limpia hoja de vida. Aquí podría llegar la Izquierda Democrática, de Willma Andrade, si el Consejo Electoral aprueba al nuevo partido naranja.

Queda Alianza País, fragmentado en tendencias ( los de izquierda, los pragmáticos), desgastado por el largo ejercicio del poder y por la intolerancia del demoledor discurso presidencial. Les auguran segunda vuelta. Algo pasa. La foto en el balcón del Palacio de Carondelet( Moreno, Correa y Glas) no es casual, busca detener la desbandada de quienes lo ven todo perdido.