Marcelo Ortiz

El necesario fin de un ciclo

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El tiempo, que avanza inexorable, ya ha comenzado a correr en el último año -como lo señala el calendario puntual- para que concluya, en mayo del 2017, el Gobierno correísta.

Al finalizar el 2016, solamente le quedarán cinco meses para readecuar su tiempo fuera del poder presidencial absoluto. Esto es: utilizarlo en la vida privada familiar, que se regirá en el primer año, tal como indica en su parte final el Art. 144: “ …deberá comunicar a la Asamblea Nacional, con antelación a su salida, el período y las razones de su ausencia del país”. Porque uno de sus destinos necesarios será Bélgica, país donde nació y ha vivido su cónyuge.

Unos dirán que ya llegó la hora del cambio político, después de más de una década ahogada en un mar de abundancia de recursos, que dejan obras materiales, pero que liquidó la democracia al cubrir casi tres períodos de alternabilidad de la Presidencia de la República; y con una Asamblea Nacional de mayoría absoluta a favor de ese Poder Ejecutivo.

Otros se sentirán nostálgicos porque no habrá tercera reelección, así como sentirán la presencia de candidaturas que se postulen para gobernar desde el Palacio de Carondelet, y no como el actual estilo de deambular por provincias y regiones, que le han situado en la categoría de viajero presidencial.

Lo que sí es seguro que el 2017 será un año eminentemente electoral.
Y lo será porque desde el seno mismo de este gobierno hay personas que aspiran a ocupar el poder presidencial, comenzando por Jorge Glas, el actual vicepresidente de la República, así como de Lenin Moreno, quien ejerció ese mismo cargo en los dos primeros períodos presidenciales.

Asimismo, continuará presente la crisis fiscal que aumentará los niveles de deuda interna, y de los necesarios endeudamientos con otros países, como la República Popular China, el gigante asiático en territorio y riqueza.

Esta realidad económica, que al parecer será agobiante para ejercer el máximo poder político, va a ser un elemento del cual estarán muy atentos todos los posibles candidatos.

El ejercicio presidencial inmediato a este fin de ciclo, será nítidamente una antípoda a la de esta última década cubierta por una sola persona.

Y para el nuevo gobernante, la carga más pesada constituirá la alta burocracia bien remunerada, irradiada generosamente para el medio millón de empleados públicos.

De esa manera se configura la realidad política que sustituirá al correísmo. Y quienes se postulen a la Presidencia estarán conscientes de que esa realidad constituye un factor poderosamente adverso a la candidatura auspiciada desde las alturas del poder, para suceder al actual gobernante, un elemento que podría facilitar el ascenso de un fuerte aspirante surgido desde la oposición.