María Cardenas

Humildad

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Los políticos del socialismo del siglo XXI parecen haber olvidado los valores y cualidades que deberían tener los hombres y mujeres que se deciden por el servicio al pueblo, especialmente bajo este tipo de ideología.

La humildad debiera estar como primera en su lista, aparte de la honradez, la honestidad y más. Entonces, demostraría que es un ser humano y que sí le preocupa el vecino, el “todos y todas dueños del país”, los mismos que pagan sus sueldos, su movilización, los miles de policías dedicados a cuidarlos. Y que paga hasta sus extravagancias desmesuradas en tiempo de crisis o, como lo llaman, cuando hemos caído en un bache, mientras aseguran trabajar para las próximas generaciones y no las próximas elecciones.

El vivir y practicar la humildad en sus actos diarios, personales o públicos, demostraría que conoce sus limitaciones y debilidades, actuando de acuerdo a ese profundo conocimiento interno de sí mismo. Ese sería un político que podría jactarse de ser un socialista de la época y, solo así, podría despegarse de su gordísimo ego y, poniendo los pies sobre la tierra, aceptar que ha errado y cambiar la ruta del país y sobre todo su propia actitud.
Solo con humildad se puede aceptar una equivocación, admitirlo públicamente y, además de levantar su imagen, cambiar la situación que ya vive un pueblo entero.

La pena es que la falta de esta importante virtud no permite ver más allá de sus propias narices, negando lo obvio y, para colmo, contagiando a todos sus colaboradores en sus actitudes y actuaciones, denigrando a todo aquel que no piensa como ellos creen que deben hacerlo, limitando la libertad y hasta abusando de los derechos humanos más elementales.

Por esa razón, sienten miedo y quizá, en contados casos, vergüenza. Y para sentirse tranquilos necesitan de una excesiva seguridad a su alrededor. Internamente presienten la persecución del demonio de la ambición desmedida, sin importarles el futuro de la nación y menos de los individuos que la conforman.

La verdad la dijeron por ahí en una importante reunión internacional y con mucha candidez; cuando el pueblo elige democráticamente a sus líderes, estos deben vivir a su lado, dentro de sus realidades, sensibles a sus necesidades, conscientes de sus sueños y esperanzas que ellos mismos, no solo despertaron, sino que prometieron hacer realidad.

Muchos han gozado de todos los privilegios de ser burócratas, pero la gran mayoría de la gente, a pesar de toda la propaganda fantástica, no goza de los derechos que se merecen, de salud y de educación.

Los ejemplos de grandiosidad se notan en la actitud de los choferes de los autos del Estado, que se parquean donde quieren y no respetan ni los pasos cebra. Se nota en los insultos que se dispersan por todo lado denigrando a todo tipo de personas. Se nota cuando los autos -con lucecitas- quieren pasar al resto del pueblo en las calles que son de él. Si en estas pequeñas cosas se nota, para qué hablar de las más importantes.

Ninguna humildad y gran ambición, poca vergüenza y mucho atrevimiento, porque toda acción tiene una reacción y esta llegará.